El show mediático, el peligro de la naturalización e idealización de las figuras narco a partir del fenómeno de la narcocultura y una fuerte crítica hacia las promesas de terminar con el narcotráfico en Argentina a partir de políticas públicas que ya fracasaron en el mundo son algunos de los ejes más importantes que señala la periodista especializada en la temática.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              

Por Cristian Manchego

Cecilia González es corresponsal de la Agencia Mexicana de Noticias en Argentina desde 2003. A lo largo de su carrera ha publicado diversos libros dedicados al narcotráfico en el país. La autora de “Narcosur”, “Todo lo que necesitas saber sobre narcotráfico” y “Narcofugas” le concedió una entrevista al Observatorio de Comunicación, Política y Seguridad, en la que da herramientas para comprender cómo se han construido los sentidos en circulación sobre la temática, el papel de los medios de comunicación y el rol de la gestión política.

En el prólogo de tu libro “Todo lo que necesitas saber sobre narcotráfico” hacés referencia al tratamiento del tema en los medios. Para quienes no hayan tenido la oportunidad de leerlo, ¿podrías explicarles tu perspectiva? ¿Es una caracterización que dirías es propia de la televisión argentina?

En realidad te diría que a escala global. No es un caso específico de Argentina. Aunque es del que más podemos hablar porque es el que más conocemos. En general, el narcotráfico como tal, como tema noticioso, genera mucho morbo y se presta mucho a la espectacularización. Se presta mucho al show porque abarca desde líderes narcos, que llaman mucho la atención, hasta las historias, las mujeres, las riquezas de cómo viven. O sea, es una tema que per se convoca mucho morbo y es muy difícil aterrizarlo de manera seria porque, como responde a los estereotipos que espera el gran público, cuando intentas hablar seriamente baja el rating o no son notas tan leídas, ¿me explico? Y lo que buscan los medios son clicks en caso de la web, o audiencia en caso de los medios electrónicos.

Ahí salen a la luz muchas variables que juegan en torno a eso, donde incluso el público tiene un papel determinante. 

Otro gran problema –y eso sí ocurre mucho en Argentina– es que el público en general busca confirmar sus prejuicios, tanto políticos como sociales. Hablo en general porque siempre va a ver un público crítico que es un público minoritario. Entonces esperan que les ratifiques que los inmigrantes vienen a delinquir y traficar. Uno intenta explicar que no es cierto, que además el narcotráfico es un crimen transnacional y que es obvio que haya personas de otros países que vengan a trabajar en el negocio, pero que no es un número significativo ni es una problemática de urgente solución sino algo obvio y natural, porque así es ese tipo de delito y porque además en el resto del mundo es igual o, incluso, con tasas más preocupantes. Cuando sucede eso, al público no le gusta. Lo que le gusta es cómo retroalimentarse. Entonces en torno al narcotráfico tienes ideas falsas. Tengo ejemplos que siempre manejo o siempre me preguntan.

Se dice que la marihuana es la puerta de entrada a otras drogas. Es mentira. No hay estudios que lo demuestren. Primero, ni siquiera te vuelves adicto. Segundo, no es cierto que si tú fumas marihuana te metes luego a la cocaína. En todo caso depende de la personalidad adictiva o no. O sea esto de que la marihuana es la puerta de entrada es difícil de desmontar. El otro ejemplo es sobre los inmigrantes, incluso no todos los inmigrantes. Se escucha decir que peruanos, bolivianos, colombianos y mexicanos vienen a invadir a Argentina porque aquí es bien fácil operar el narcotráfico. No es particularmente fácil. Se han encontrado células del cartel de Sinaloa por ejemplo en cincuenta y cuatro países. Es difícil de entender que es un fenómeno global. Cuando yo comento estas cosas lo que suelo encontrar en muchos interlocutores es decepción. Algo así como: “¿Entonces Argentina no es el peor país del mundo sobre el tema?”. La verdad que no. Ni siquiera es un país central en el mercado del narcotráfico a escala internacional. Ese es el dato real. Lo que se maneja en los medios de comunicación es que acá está ocurriendo lo peor en materia de narcotráfico y de consumo.

¿Qué opinión te merece que las políticas del gobierno de Mauricio Macri focalicen la lucha contra el narcotráfico a partir de, por ejemplo, la modificación de la Ley de Migraciones?

En el caso específico del tema de la inmigración, que es el tema desde enero en base a la reforma migratoria, se reafirman prejuicios que la gente ya tiene. El año pasado arrancaron: los inmigrantes copan los hospitales públicos, vienen y estudian gratis en la universidad. Y es mentira. Los números no son significativos. Pero eso se adecua mucho a la llamada era de la posverdad que Donald Trump puso de moda. Los hechos alternativos. No importa la verdad, sino la idea que tú quieres construir o lo que cree gran parte de la ciudadanía. Entonces es eso. La xenofobia está latente. Si la refuerzas, las valentonas. Ese es el peligro. Son peligrosos estos discursos porque permites que estos grupos xenófobos se sientan validados por el gobierno o incluso por políticos como Miguel Ángel Pichetto que es uno de los que tiene un discurso xenófobo.

Perteneciendo incluso a un partido que supo construir otro sentido sobre la inmigración.

Sí. Que supo construir un relato. En realidad, ese es el problema, que refuerzan los estereotipos. Porque por más que le expliques a la ciudadanía, no es cierto que los hospitales públicos están copados por extranjeros, no es cierto que la universidad pública gratuita está tomada por el extranjero, no es cierto que vienen en masa a delinquir.El prejuicio continúa.

Con el tema del narcotráfico pasa, ya que el foco de las nacionalidades es muy concreto, está muy identificado. No se habla de los narcotraficantes estadounidenses ni de los europeos. Ni de los inmigrantes europeos. Los que vienen a generar problemas son los inmigrantes latinoamericanos.

A su vez es una identificación que va muy de la mano con la figura del “otro” delincuente, que no solo tiene que ver con la variable nacionalidad, sino también etaria, como el caso de los jóvenes.

En cuanto a la delincuencia, la idea es que los jóvenes drogadictos son delincuentes. El mismo Macri lo reforzó el año pasado cuando presentó su programa “Argentina Sin Narcotráfico”, que es una falacia per se. Dijo durante su discurso que “los jóvenes roban y salen a asesinar”. Esa es otra de las mentiras, que tenemos que tenerle miedo a un jovencito que esta drogado en la calle porque es un presunto delincuente. Eso es mentira, porque el que está drogado no te va atacar. Está drogado. Puede haber casos, obviamente. Pero cuando tú ves los hechos no es algo grave ni recurrente. La droga más presente en crímenes es el alcohol, por ejemplo, y es una droga legal. Es como todo un listado de falsedades. Esos datos los maneja [Eduardo Raúl] Zaffaroni.

Entonces, en general, ¿considerás que la forma de construir el tema como problema social es a partir de los discursos políticos y a partir de los medios de comunicación?

Sí, se retroalimentan. Ahorita yo te enumeré varias ideas falsas. Los jóvenes drogadictos son delincuentes. La marihuana es la puerta de entrada a otras drogas. Otra idea es: “La droga está en las villas”, por eso vamos a entrar a las villas. ¡No! Entren a Nordelta o vayan a Puerto Madero. Siempre se estigmatiza a un determinado sector de la población. Lo que pasa es que este gobierno, el de Mauricio Macri, ha envalentonado a varias personas y medios de comunicación que piensan de esa manera porque ellos también lo creen y lo dicen. Por supuesto que ni Donald Trump ni Macri inventaron la xenofobia y tampoco la cultura de la inseguridad. Ahora, lo que sí hacen es empoderar. Validar este tipo de discursos desde el poder es muy peligroso.

Por ejemplo, en un texto que acabo de escribir ayer explico cómo en la inmigración estos discursos implican un cambio que yo veo como inmigrante. A mí nunca en las redes sociales me habían dicho: “¿Por qué no te vas a tu país?”. Esa es una frase típica, berrinchuda, de cuando no les gusta lo que dices. Ahora me entran a decir: “Ojalá que te deporten”. Ese cambio discursivo tiene que ver con que Donald Trump está manejando el tema de la deportación como un lenguaje cotidiano y con el cambio de la ley migratoria en Argentina. Los que antes te decían: “Ojalá te vayas”, ahora te dicen: “Ojalá te deporten”. Ya es un cambio de violencia mayor, que a mí no me hace nada, pero lo tomo como ejemplo.

Es muy curioso ver cómo, en las declaraciones de los candidatos a presidente en la última campaña electoral, el narcotráfico se vinculó con la inseguridad a partir de la violencia. Se mencionó constantemente que el país es cada vez más inseguro y cada vez más violento por culpa del narcotráfico. Ahí se observa, incluso, cómo diversos elementos se van uniendo para construir la sensación cada vez más preocupante sobre la realidad cotidiana.

Sí. Te construyen un discurso que a mucha gente le cala, pero que no tiene que ver. En cambio, si explicas que la inseguridad o la violencia tiene que ver con un tema global de injusticia social –porque muchos tienen nada y poquitos tienen casi todo–  aparece otro discurso, muy instalado en Argentina, que es: “Estás defendiendo a los delincuentes”. Hay que tratar de entender cómo cada fenómeno se entrelaza con otros y cómo no se entrelaza con algunos otros, y a partir de ahí analizarlo. Pero eso es una tarea titánica te diría. Y en la cual participan muchos los medios de manera sumamente irresponsable. Porque los medios lo que valoran es que también generes violencia desde tu papel como comunicador. Si gritas, si interrumpes al otro. Son muy escasos los que logramos exponer tranquilamente.

O sea, si vas a un programa de televisión e intentás explicar el problema del narcotráfico de manera seria y serena, la misma situación no te lleva a hacerlo porque hay periodistas que invitan a la espectacularización.

Sí, que hacen show sobre el tema.

¿Y eso es muy característico de la televisión argentina?

No, te digo que no hay que mirarlo solo desde acá. Argentina no es lo único casi en nada. Es algo global.

En relación a los sentidos comunes que circulan alrededor del narcotráfico, ¿qué rol pensás que tuvieron las series o las novelas colombianas como, por ejemplo, El Patrón del Mal?

La narcocultura que forma parte también del problema del narcotráfico es también muy peligrosa porque naturaliza hechos de violencia, por una parte, e idealiza a los criminales por otra. Y, además, al friccionar tú alejas los hechos reales. No es lo mismo que tú veas cuerpos decapitados en tu colonia [municipio] en México a que veas una telenovela narco donde decapitan a gente. La pantalla te aleja.

¿Y te parece que puede ir neutralizando ese posible hecho?

Sí, claro. Al ficcionalizarlo hay ahí una distancia, donde conviertes en héroes a criminales y son los modelos a seguir. Eso es muy peligroso. Pero lo que pasa es que tiene rating. El narcotráfico se presta mucho para el morbo.

Y en esta misma línea, ¿considerás que esto ha jugado un papel importante en la construcción de la imagen de países-narcos, como en el caso de  México o Colombia?

Ahí hay también hechos concretos. Colombia y México son los países mayormente productores de drogas ilegales. Y ahí también me parece importante hacer la distinción, porque las drogas legales son las que más personas matan al año, pero son legales. Son los dos países de América Latina que más producen drogas ilegales y que han sido los más afectados por la violencia derivada de la lucha contra el narcotráfico. Porque es una lucha contra el narcotráfico que comenzó en los años setenta, en la cual Estados Unidos impuso un lenguaje que todavía perdura. Yo el año pasado, cuando lo entrevisté a Mauricio Macri, le pregunté por qué sigue hablando de guerra contra el narcotráfico cuando ya pasaron cuatro décadas del fracaso de esa guerra. Entonces el hecho concreto es que sí, por supuesto, son países donde el narcotráfico tuvo el mayor crecimiento y una mayor expansión. Lo que no está bueno es que se estigmatice, que se hable de la mexicanización ahora, como cuando antes se habló de la colombianización. Porque además no tiene nada que ver. Ni México se va a argentinizar, ni Argentina se va a mexicanizar. Es imposible.

¿Por qué considerás que a la hora de combatir el narcotráfico se focalizan en determinados sujetos, como los consumidores, y no en otros, que incluso pueden llegar a tener mayor relevancia en la problemática?

Eso pasa en todo el mundo. Es otro de los pasajes de la guerra contra el narcotráfico. Se quedaron en los narcos y los consumidores  y nunca vemos a nadie detenido por lavado de dinero. Y la plata no se la quedan los grandes cárteles. En el medio y hasta en la cúspide hay lavadores de plata que son los de guantes blancos. Y contra ellos no tenemos un gran caso. Es vergonzoso. Además es cierto que es difícil de acceder, sin embargo, hay algunos. Yo cuento en Todo lo que necesitas saber del narcotráfico de bancos en Estados Unidos que lavaban plata de cárteles mexicanos. Y acá el cártel de Juárez lavó veinticinco millones de dólares en los años noventa. Y casi veinte años después, el año pasado, hay una condena para cinco o seis presta nombres que eran de los escalafones más bajos. O sea, nunca se llegó a los escalafones más altos en ese caso. 

Terminan siendo juzgadas personas involucradas en las escalas más bajas del negocio y no termina pasando nada con los actores más relevantes.

Sí. Por eso te digo que el gran problema es el sistema a escala global en todos los aspectos. Ese es el grave problema.

Y, ¿es muy difícil cambiar esto desde los medios? ¿Cuál es tu percepción como periodista?

Por supuesto que es muy difícil pero no imposible. Por ejemplo, el año pasado en Argentina pasó algo súper importante que hay que rescatar porque los cambios en políticas sobre drogas en todo el mundo, salvo en Uruguay, han venido de abajo para arriba. Uruguay es un caso diferente y único en el mundo. Porque dijeron: “vamos a legalizar” y se tocó el tema desde el gobierno para el resto de la sociedad. En el resto de los países, los cambios en las políticas de drogas en el mundo fueron a partir de luchas sociales. El año pasado, las mamás canábicas lograron que en la Cámara de Diputados diera media sanción al proyecto de despenalización de marihuana para consumo medicinal.[1] O sea, en ese momento no estaba en agenda. A nadie le importaba el tema. Era una lucha solamente de esas señoras. Es difícil pero hay que hacerlo. Y en esto también hay colegas que saben tratar de manera seria estos temas. Particularmente con el narcotráfico, había un colega de Clarín, Fernando Soriano, que fue quien desde ese medio trabajó mucho y muy bien cubriendo todo lo que era la lucha de las mamás canábicas. Fue una gran labor. Ningún medio lo va a tomar como nota editorial, pero nos vamos colando. Yo también desde donde publico trato de tener esa otra mirada.

¿Cómo consideras que es la devolución del público a la hora de abordar de forma más compleja el tema? 

No se puede hablar de un solo público. Hay varios tipos de públicos. Vuelvo al caso de las mamás canábicas porque está en relación con lo que preguntas. La mirada que hubo frente a la cuestión antes de las mamás y después es abismal. Por eso yo te digo que les haría un monumento a esas señoras, porque a veces se suele también subestimar a los públicos. Por supuesto que va haber un segmento de la población donde la xenofobia y los estereotipos están plagados. Pero hay otro segmento que por ahí, si le explicas de manera serena, de manera seria, cambian los puntos de vista. A mí me ha tocado. El año pasado en la Facultad de Derecho participé en una charla –es algo chiquito pero ayuda– y un chico me empieza a preguntar sobre el narcotráfico y como tres veces dijo: “El flagelo del narcotráfico”. Lo interrumpí y le dije: “Lo que pasa es que cuando tú hablas del flagelo del narcotráfico estás comprando un discurso armado”. El narcotráfico no es un flagelo. Es una problemática social y punto. Pero cuando dices flagelo ya sé cuál es el discurso que traes. Entonces pensemos un poco mejor. Esta corrección que le hice al chico funciona de la misma forma a lo que te dije de “por qué no te vas a tu país” que pasó a ser “ojalá que te deporten”.

¿Eso sucede cuando querés indagar y preguntar sobre un tema desde el lugar de un discurso instalado?

Exacto. Por eso es importante ser claro, ser más sereno. No prestarse a los juegos mediáticos de insultar. Es dar otra batalla.

Volviendo al tratamiento del tema en el campo político, ¿considerás que hay una ruptura entre la construcción del problema narcotráfico desde el discurso y las políticas o proyectos de ley que se puedan estar promoviendo?

No. Lo que está haciendo el gobierno tanto en lo discursivo como con la Ley es repetir todos los procesos que ya fracasaron en el resto de los países. Están reforzando todo lo que ya falló. Pero hay que decir también que es lo que compra gran parte del público.

¿Considerás que existe una intencionalidad extra a la hora de exacerbar el problema del narcotráfico teniendo en cuenta el actual contexto socioeconómico?

No creo que sean tan maquiavélicos. Es muchas veces lo que creen ellos. Mauricio Macri, desde mi punto de vista, es más pragmático. No tiene convicciones. Si en las encuestas sale que la mayoría de las personas está a favor de la legalización de la marihuana con fines recreativos o medicinales, él no tendría ningún problema. Con el aborto no. Pero con el tema de las drogas es más pragmático. Y él no quiere entrar con eso porque no lo ve. Porque efectivamente no hay un fervor o una batalla social. Por eso el año pasado fue muy importante lo de las mamás canábicas, porque sabían que si la peleaban podían convencer incluso a diputados que no estaban de acuerdo. El gran problema del gobierno macrista es que ofreció desde la campaña terminar contra el narcotráfico y eso no va ocurrir. Y además lo repitió en su programa “Argentina Sin Narcotráfico”, que es una enumeración de buenas intenciones falsas.

 ¿Por qué creés que se construye esa falsa idea de terminar contra el narcotráfico si en realidad no es así?

Porque le acarrea votos y simpatía. Porque es lo que en las encuestas sale. El discurso instalado, no en este gobierno, sino hace más de cuarenta años, dice eso.

¿Sería un ejemplo de cómo las políticas públicas en relación a una problemática se construyen en base a la opinión pública?

Sí. Es un claro ejemplo de cómo se maneja el tema no a partir de convicciones o proyectos políticos sino acomodándose a los vaivenes de la sociedad. Y dentro de la opinión pública también tenemos muchas veces modificaciones. Vuelvo al caso de las mamás canábicas porque tiene que ver con la pregunta. Una de la mamás estuvo en el programa de Mirtha Legrand, junto con Massa y Eduardo Feinmann. La señora los barrió, con serenidad, con argumento. Y en un momento Mirtha Legrand dice: “Yo también cultivaría marihuana para mis hijos”. Que esa señora que representa lo peor del conservadurismo de este país diga eso en su programa en una mesa con esos dos [Massa y Eduardo Feinmann]es un hito cultural. Es maravilloso. Por eso hay que rescatar mucho el trabajo de hormiga de todas estas señoras. Se puede. La opinión pública, que nunca es una, son grupos mayoritarios o minoritarios, depende. Por supuesto que se puede modificar.

 

 

[1] En marzo de 2017, el Senado de la Nación aprobó la ley de cannabis medicinal.

 

 


 

Mercedes Calzado, Mariana Fernández, Vanesa Lio

Trabajo presentado en las VII Jornadas de Sociologia de la Universidad Nacional de La Plata realizadas en diciembre de 2012. Link disponible aquí.


Introducción

En las sociedades contemporáneas el imperativo de la imagen implica un proceso de mediatización de la representación política. El marketing y la propaganda política se vuelven mecanismos centrales en la producción social de sentido. Si bien sería absurdo reducir una verdad de época a la fabricación discursiva de los aparatos mediáticos y políticos, no se puede desconocer el consenso existente entre funcionarios, candidatos y creadores de imagen: para ganar una elección es necesario contar con un buen trabajo de mercadeo electoral.

Desde la década del noventa, el uso del marketing político diluye la construcción del perfil del dirigente clásico capaz de interpelar a un ciudadano políticamente activo. En su lugar parece emerger un candidato preocupado por trabajar en la interpelación de ciudadanos pasivos ubicados en la posición de víctimas (de la violencia política, de la crisis económica, del clima, de las empresas, del Estado, del crimen). El auge de este tipo de discursividades se produce, en el caso argentino, en simultáneo con la mercantilización de los estudios de opinión, que toma impulso durante la dictadura militar que tuvo lugar entre 1976 y 1983, y se afianza durante el neoliberalismo de los años noventa como prerrogativa de gobierno (véase Borrini, 1999).

El orden social comienza a girar en torno a un tipo de gubernamentalidad2 basada en la gestión de los riesgos y la vida de la población mediante los dispositivos de la comunicación política. El problema securitario se aparta de la administración del delito y la discusión en materia de política criminal, sobre la base de una racionalidad política3 que Foucault (2004) denomina “racismo de
Estado”. El poder se reproduce a través de la construcción de discursos que persiguen la protección de unos, la ciudadanía víctima de la inseguridad, y la exclusión de otros, los enemigos de la comunidad. El ejercicio de la dominación se objetiva sobre el comportamiento y la subjetividad social en un sentido estratégico que da origen a las sociedades de seguridad (Foucault, 2006).

El individuo parece responsable de invertir en su propia seguridad .
Hombres y mujeres jóvenes y ancianos, definen y configuran sus vidas alrededor de la experiencia o previsión del riesgo urbano. En este sentido, las tecnologías biopolíticas se complementarán con las tecnologías de la opinión y la información masiva : circular por sitios bien iluminados, proveerse de aparatos de vigilancia, mantenerse en contacto permanente, no abandonarse al azar. He aquí el imperativo que debe seguir todo aquel que no desee toparse con las virtualidades que amenazan la cotidianeidad. De este modo, los medios cumplirán una función disciplinante ante los potenciales desafíos al orden urbano y la sanción legal. No obedecer sus advertencias sellará la maldición, la imprudencia y la culpabilidad.

En este marco, el delincuente podrá ser eliminado en nombre del
resguardo de la soberanía ciudadana y el orden social. Su muerte no será ya un delito sino garantía de paz en la ciudad. En este punto, se pregunta Schmitt (1922), ¿Es el soberano el que hace la decisión o la decisión la que hace al soberano? Si la intolerancia resulta del poder de fijación de las verdades, la aceptación de la muerte del transgresor de la ley penal devendrá de las subjetividades excluyentes que evidencian lo excepcional. La comprensión del otro como enemigo, su repulsión y temeridad, moldea y produce esta forma de gubernamentalidad.

En la politización de la cuestión delictiva y su viraje en términos de
inseguridad, los massmedia son actores centrales de viabilización y constitución social del orden existente. Ellos poseen la capacidad de tematización y fabricación de noticias en momentos previos al contexto electivo. Los medios, a la vez, funcionan como correas de transmisión de la lógica comunicacional de los equipos de campaña. La construcción de enunciados periodísticos contribuye a la conformación de opinión en torno a la emergencia securitaria y la firmeza penal. Al mismo tiempo, los candidatos políticos se adecuan al contexto mediático para construir gubernamentalidad: “Los actores políticos operan en el marco de un campo estructurado de fuerzas cuya lógica están usualmente obligados a obedecer. Son quienes llevan adelante los últimos movimientos más que quienes llevan adelante los primeros ” (Garland, 2005, p. 28) .

El campo político se articula con el campo mediático y la maquinaria simbólica se ocupa de intervenir frente a un cuerpo heterogéneo de ciudadanos sacudido por la pretensión de convivir en libertad, orden y paz. Las demandas de la ciudadanía se revelan en discursos erigidos sobre la idea de defensa social mediante la implementación de un mecanismo de diferenciación entre víctimas y victimarios que suprime el contexto de discurso y amplifica percepciones de inseguridad. Estos reclamos se hacen carne en algunos equipos de campaña, donde se plasma el cambio frente al delito que comienza a conformar el imaginario de la ciudadanía . Jonathan Simon (2011) contextualiza este escenario en la década del sesenta cuando, ante el desmoronamiento de las políticas de bienestar en Estados Unidos, la búsqueda de los dirigentes se comienza a situar en los discursos centrados en la guerra contra el delito. Asegura el criminólogo norteamericano:

Las campañas electorales para los cargos de alcalde, gobernador, procurador general y, sobre todo, presidente de la nación se han transformado, en parte, en una lucha por quién se muestra dispuesto a ir más lejos en su papel de acusador. […] Los mandatarios deben mostrar que se identifican con la experiencia de victimización delictiva y con el deseo de venganza que provoca ( ivi, p. 55).

El ciudadano, en estos modos de interpelación, es una víctima del delito. ¿Pero de qué modo opera esta lógica electoral en la Ciudad de Buenos Aires? ¿Se repiten aquí los significados subrayados por Simon para el caso norteamericano? El supuesto que recorre las siguientes páginas es que en las sociedades de seguridad el sujeto político interpelado es el ciudadano -víctima. En la economía discursiva electoral emergen rasgos de un paradigma de la victimización (Pitch, 2003) sobre el cual el candidato renueva la imagen de un Estado capaz de proteger a un ciudadano en riesgo. A fin de contribuir al estudio de estas lógicas electorales en el plano local, es que nos proponemos analizar las características de la comunicación política en época de campaña de uno de los dirigentes cuyo protagonismo, tanto político como mediático, más ha crecido en los últimos años en Argentina.

La campaña a Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Argentina) de Mauricio Macri en 2011 permite identificar algunos significados sobre la victimización, el peligro y la gubernamentalidad. En un contexto discursivo en donde el concepto de inseguridad aparece en estrecha relación al delito, el trabajo indaga acerca de los modos de interpelación a la ciudadanía, las características de enunciación de la seguridad y la imagen que asume el Estado en momentos electorales.

El análisis, realizado a partir de un conjunto de spots audiovisuales,
piezas comunicacionales y otros materiales extraídos del sitio web del candidato y de su partido político, fue guiado por las siguientes preguntas: ¿Qué subjetividades promueve la campaña de Mauricio Macri? ¿A través de qué rasgos discursivos se produce la interpelación de la ciudadanía? ¿Cómo se diagrama el rol del Estado? ¿Cómo se enuncia la seguridad? ¿Las campañas locales poseen características particulares? ¿La victimización siempre se construye en torno del horizonte criminal? ¿Qué otras aristas definen la configuración de un ciudadano víctima? Este conjunto de interrogantes guían el fin último de estas páginas: aportar, desde un caso de estudio, un conjunto de elementos acerca de la enunciación política electoral en los contextos de las sociedades de seguridad.

La Ciudad de Buenos Aires y un breve contexto socio-político

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires, capital política de la República Argentina, representa la mayor área urbana del país y una de las más importantes de América Latina. De acuerdo al último Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas (2010), el número de habitantes de la Ciudad está estimado en alrededor de 2,9 millones de habitantes. Sumado al aglomerado urbano que conforma el denominado Gran Buenos Aires, este número asciende a 12,8 millones.

Si bien la Ciudad f ue fundada en 1580, la autonomía de su gobierno le llegará recién tras el proceso de reforma de la Constitución Nacional de 1994. Desde entonces, constituye uno de los veinticuatro distritos que conforman el país, con una constitución y poderes ejecutivo, legislativo y judicial propios.

Tanto el Poder Ejecutivo (PE) como el Poder Legislativo (PL) de la Ciudad son elegidos mediante voto directo de la población. Las elecciones para Jefe de Gobierno (titular del PE), se realizan cada cuatro años con un régimen de doble vuelta y posibilidad de reelección consecutiva por un solo período. Previo a la reforma constitucional, sin embargo, la Ciudad era gobernada por un Intendente, designado por el Presidente de la Nación con acuerdo del Senado.

En su joven historia de autonomía, la ciudad ha visto sucederse a sólo cinco Jefes de Gobierno que, en su mayoría, han pertenecido a partidos políticos de oposición respecto del gobierno nacional de turno, y no han sido representantes del peronismo (a excepción del breve período entre 2006 y 2007 gobernado por Jorge Telerman, quien debió ocupar el cargo debido a la destitución del entonces Jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra).

En diciembre de 2007, asume su primer mandato como Jefe de Gobierno el empresario y político Mauricio Macri, líder y fundador de Propuesta Republicana (PRO), un partido político de reciente creación con una tendencia liberal -conservadora. El mandatario llegó al poder luego de imponerse en las elecciones con el 60,96 por ciento de los votos en segunda vuelta, ante Daniel Filmus, candidato del Frente para la Victoria (FPV). El FPV, al frente del Gobierno Nacional desde 2003, con Néstor Kirchner primero (2003-2007) y Cristina Fernández después (2007-2011 y 2011 a la actualidad), no pudo lograr anclar su poder electoral en un territorio habitualmente adverso para el Peronismo.

El 10 de julio de 2011 se volvieron a enfrentar Macri y Filmus. Al no
alcanzar la mayoría absoluta requerida según la normativa vigente, Mauricio Macri debió someterse nuevamente a una segunda vuelta el 31 de julio, en la que se impuso con el 64,25 por ciento frente a Filmus. Tres meses después, el 23 de octubre, el PRO de la Ciudad de Buenos Aires se volvió a imponer en las elecciones legislativas nacionales.

Durante su primer gobierno, Mauricio Macri recurrió a la puesta en
marcha de una serie de políticas de seguridad que marcaron fuertemente su gestión. A través del denominado Plan de Seguridad, se instalaron cámaras de seguridad y se fortaleció el poder de acción del Ministerio Público Fiscal. El fin: “Recuperar la Ciudad para los vecinos”.

Con este mismo objetivo previsto se encaró una de las más significativas apuestas de la gestión macrista en materia de seguridad: la creación de la Policía Metropolitana de la Ciudad de Buenos Aires4 . La fuerza comenzó a ejercer sus funciones en febrero de 2010 luego de no pocas disputas con el Poder Ejecutivo Nacional. Con anterioridad a esta medida, la Ciudad era jurisdicción de la Policía Federal Argentina, la cual ejerce aún las funciones de seguridad tanto en las cuestiones de carácter federal, como en acciones de patrullaje similares a las de la Policía Metropolitana.

 Ahora bien, ¿en qué contexto se produce la llegada de Mauricio Macri al poder? El paradigma securitario al que se ha hecho referencia anteriormente eclosiona en Argentina luego del estallido social de diciembre de 2001, cuando el temor al delito se convierte en el principal factor de legitimación/deslegitimación gubernamental (Kessler, 2009). Sin embargo, la inseguridad frente al de lito venía construyéndose social y políticamente como un problema clave de los centros urbanos ya desde mediados de la década del noventa, en el marco del modelo neoliberal que caracterizó las políticas argentinas de esa época. Las transformaciones de esa década deben entenderse como parte de un proceso de reforma estructural del Estado, de profundas mutaciones de las relaciones sociales y de una creciente valoración del ámbito privado, asociado tanto al mercado como a la esfera personal de cada individuo (Oszlak, 2003).

Comienza entonces a instalarse la idea de “crisis de inseguridad” a partir de la conjunción de un componente subjetivo (la “sensación de inseguridad”), y un componente objetivo, el aumento de los hechos delictuosos identificados como “criminalidad en la calle” o “micro -criminalidad” (delitos contra la propiedad y las personas especialmente en el espacio público, Sozzo, 2009). Como producto de ello, las crecientes demandas de seguridad en las ciudades se suman al proceso de descentralización gubernamental característico de las políticas de la década del noventa, que diluyen las responsabilidades estatales frente al delito y colocan a los gobiernos locales en un rol novedosamente protagónico frente a la cuestión de la inseguridad.

 Este proceso ha estado acompañado, además, por la materialización del modelo preventivo en relación al delito en Argentina, cuya máxima expresión es el Plan Nacional de Prevención del Delito puesto en marcha de 2000. En el plano local, esto se vio especialmente reflejado en la implementación de estrategias de tipo situacional -ambiental con un fuerte acento en intervenciones en el espacio público y en prácticas de participación ciudadana, como en el caso del Programa de Prevención del Delito del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (véase Sozzo, 2009; Calzado, 2004).

El sentimiento de inseguridad guarda una autonomía relativa respecto al delito: si bien aumenta al incrementarse la victimización, una vez instalado como problema social ya no disminuye al ritmo de las tasas del delito (Kessler, 2011). A partir de entonces, y más allá de las estadísticas delictivas, la lucha contra el crimen se consolida como elemento privilegiado en las agendas electorales también a nivel municipal y la inseguridad se presenta como una temática recurrente de las disputas políticas por el gobierno de las ciudades.

Vecinos y víctimas

En la disputa de gobierno, saber pararse en el contexto, interpretar “la necesidad social” y elegir una estrategia de intervención oportuna puede bastar para desarrollar con éxito una campaña electoral. En una época donde cada apuesta engendra de por sí sus propios riesgos, el empleo de propuestas y significantes vacíos permite moverse sin asumir grandes costos. La estrategia del PRO durante la elección a Jefe de Gobierno en 2011 consiste en velar al adversario político marcando la diferencia que lo posiciona como superior a su competidor primordial, el Frente para la Victoria. ¿Qué es lo que lo destaca? Aquello que se estima en términos del grupo de votantes que compone su objetivo: la eficacia y racionalidad técnica de la gestión y el interés por el vecino.  Estos valores pueden asentarse en circunstancias reales o ficticias, en cualquier caso constituyen un criterio válido en situaciones electorales.

La campaña de Mauricio Macri en 2011 se basa en la ambigüedad que suministra el slogan “Juntos venimos bien” , proposición que a primera vista no exhibe compromiso alguno. Más bien, implica una interpelación a la continuidad de una gestión que ya llevaba cuatro años al frente del Gobierno de la Ciudad. Como punto de arranque, la construcción discursiva de campaña busca anular las distancias entre candidatos y electorado: “Somos vecinos” y “la Ciudad nos une”, enuncian los spots macristas. El PRO procura no posicionarse como un partido político tradicional ni tomar parte en el auto-adjudicado papel de “hacer las cosas de otra manera”. Opta, en cambio, por construirse como una “fuerza joven” extendida a todo aquel capaz de involucrarse en la cuestión “vecinal” y sentir la insuficiencia de relegar la política a un sector profesional. En ese oxímoron yace su principal fortaleza.

Bajo una estética colorida, que complementa la amarilla tonalidad característica de sus campañas, la figura del vecino se elabora en las publicidades gráficas a partir de un nosotros inclusivo que envuelve una diversidad de actores: jóvenes, mujeres, ancianos, niños, militantes del PRO. Sujetos emprendedores, cansados de la conducción tradicional, “con ideas nuevas”, dispuestos a obedecer la anónima voz del líder: “Tenemos que seguir juntos”, “Te pido que votes por nosotros porque juntos venimos bien”. El lazo de unión que identifica al colectivo de pertenencia es esencialmente ciudadano y se hace consciente día tras día, en la convivencia cotidiana. La percepción que se fabrica da cuenta de una idealizada concepción comunitaria, un orden pacífico y armonioso donde no existe conflictividad, egoísmo (ni polémica). Un escenario pacífico en términos abstractos, pues desde allí se solapan las diferencias entre los actores y la enmascarada pero siempre presente pugna entre vencedores y vencidos.

Ante el vértigo, la indolencia y el miedo que suelen caracterizar las relaciones sociales en la ciudad, el PRO sugiere volver a los propios fundamentos. El individualismo que puede aflorar en momentos irreflexivos debe supeditarse a los valores y actitudes que resaltan la reputación del ser urbano. El remedio actúa conforme a nuestra disciplina. De aquí, su preeminencia por sobre los que no comparten nuestra racionalidad: no poseen “aquellas pequeñas cosas que nos hacen grandes para poder juntarnos, pensemos igual o distinto”, asume uno de los spots.

Si bien la persuasión de la discursividad macrista en campaña se rige por vía de la antipolítica, el intento de borrar la figura del contradestinatario, es decir el partidario de las ideas del adversario (en nuestro caso, la representación abstracta del FPV, Filmus y el Gobierno Nacional), acaba por develarlo en los cimientos que estructuran la identidad del nosotros. El paradestinatario – el “fuera de juego”, según Verón (1987), el que no es partidario ni adversario sino el indeciso hacia el cual se suele dirigir la campaña – es una suma de individuos unidos contra el modo actual de gobernar, que si no pertenece al gobierno porteño se deduce que alude a la administración nacional. En otras palabras, el discurso del PRO se enmarca en una mirada conservadora comúnmente caracterizada por cuestionar la falta de pluralismo, moralidad, honestidad, orden, entre otros tópicos enraizados en la matriz liberal. La decisión de no explicitar el contrincante conlleva la anulación de aquél con quien se prescinde confrontar.

La enunciación resalta que bajo la administración del PRO se viene llevando a cabo una política enraizada en el diálogo, la colaboración y la solidaridad vecinal. Por ello, al señalar la principal cualidad del candidato a diputado en las elecciones de 2011, Federico Pinedo, se destaca su empeño por hacer valer “la voz de todos”. Este procedimiento se asienta en un mecanismo de homogeneización entre el sujeto de la enunciación y el paradestinatario a partir del cual es posible la identificación de nosotros, los vecinos que “podemos” expresarnos libremente, a diferencia de ellos, que no poseen o valorizan de igual modo la cualidad de la palabra: en esa diferencia nos unimos. El ejercicio no afecta el juego, la efectividad está garantizada por la vacuidad simbólica. Dicho de otro modo, el macrismo no ostenta al adversario porque no requiere de ello para impulsar el mecanismo que estructura su campaña. Más bien se apoya en la idea de vecindad: terreno en el que se incluye y desde el cual disputa.

Sin embargo, es preciso comprender que esta última característica no es exclusiva del PRO sino que se enmarca en un entorno más amplio. Con el traspaso de las sociedades masivas a las mediáticas, el modo de hacer política que emerge no representa necesariamente un cambio de matrices sino de formas de fabricar consentimiento en base a las tecnologías de la enunciación mediática. Como sostienen Barreiros y Cingolani (2007): “No hubo un momento en el que la política no haya sido espectacular, lo que sucede ahora es que también se ha vuelto mediática” (ivi, p. 102). Por un lado, las estrategias de campaña se acomodan a la lógica del drama televisivo y de la velocidad de las nuevas tecnologías: los tiempos se acortan, los ritmos se aceleran, los relatos afloran bajo la influencia de la agenda informativa. Allí se juega el éxito o fracaso de los mensajes transpuestos. Por otro lado, los medios asumen el carácter político que les concierne abandonando el discurso de la objetividad periodística mediante la construcción de discursividades adversativas. Es el reinado del ojo que impone a las identidades políticas sus propias reglas de funcionamiento sobredelimitando el debate público al interior de un escenario asimismo politizado.

El PRO se aparta de la obsoleta racionalidad técnico-instrumental construyendo su propio ritmo enunciativo . La carencia de comunicación atribuida al tácito (más no indefinido) contradestinatario expresa la necesidad de defendernos de lo que nos preocupa: “Poder decir lo que pensamos”. Esta última idea se legitima en la voz de “vecinos” que refuerzan el imperativo de la libre expresión mediante el realismo que confieren sus propios testimonios. La suma de opiniones privadas sobre temas de interés concerniente a una parte de la sociedad, que construyen los spot y hacen públicas los medios, intentan parecer espontáneas, sinceras, desinteresadas, ocultando las pautas y procedimientos a las que se hallan sometidas. De hecho, el guión de los “vecinos” es idéntico al pronunciado por Mauricio Macri al referirse a la importancia de dominar la impaciencia y resignar contradicciones mínimas que traban el razonamiento y la prosperidad general.

Pero construir no es mentir. El proceso de producción discursiva parte de una serie de presupuestos de visibilidad puestos en juego en el montaje narrativo para lograr efectos de sentido que exceden la intencionalidad de sus productores (Vilches, 1989). La fuerza de los spots recae en el modo de hacer visibles las conceptualizaciones políticas promovidas. Sólo el develamiento del montaje puede evitar que el poder simbólico desmienta su arbitrariedad y se constituya en creencia . En ese sentido, no está de más apuntar la simplificación que implica mantener que “[…] la imagen es enemiga de la abstracción, mientras que explicar es desarrollar un discurso abstracto” (Sartori, 1998, p. 84). Si bien es cierto que la imagen genera percepciones predominantemente sensoriales (Mouchon, 199 9), no “falsifica” la realidad ni necesariamente obstruye la reflexión: impone un punto de vista a partir del uso de distintas técnicas y recursos (ocultos o explícitos) dirigidos a seducir a la ciudadanía audiovisual. Las tecnologías de la visión se insertan en la vida cotidiana con total naturalidad, fijando “formas en lo visible”. De esta manera, regulan la “voluntad de ver”, orientan la atención visual y señalan perspectivas convenientes (Ferrer, 2005).

 En este sentido, se puede observar que aunque el discurso del PRO
declara su preocupación por salvaguardar el “bienestar general”, las imágenes montadas no expresan esa explicación. Más bien, develan que el target del electorado interpelado no encarna a toda la sociedad; se reduce a la ciudadanía porteña perteneciente a los sectores sociales medios y altos. Las imágenes difundidas muestran personas de diversas edades reunidas en distintos ámbitos de la ciudad, como la puerta de un edificio donde se juntan a conversar. En el grupo se encuentra Mauricio Macri, que se sitúa en el mismo plano: es un vecino más. La tentativa de enfatizar los caracteres de los adherentes adopta tal prioridad, que vuelve superflua la vocación política del candidato y, más aún, las referencias a su personalidad. Los personajes se exponen elegantemente vestidos, sonrientes y divertidos, sin voluntad de rivalizar. Los discursos excluyen todo sujeto ubicado fuera de “nuestra normalidad”. Ese es el límite que define la política comunicacional de “Mauricio en la ciudad”. Los sujetos esbozados los spot no contemplan otro perfil más que el de un ( si se quiere) “profesional” ciudadano porteño. Un vecino víctima del autoritarismo del Estado Nacional y del miedo a lo diferente. El mundo donde “todos queremos vivir” no concibe desviaciones.

La seguridad, la mirada indiscreta del nosotros

La campaña audiovisual de 2011 elude hablar de inseguridad desde la dimensión del miedo. Seguridad es gestión y eficacia. Uno de los únicos spots sobre esta cuestión es protagonizado por la candidata a Vice -Jefa de Gobierno, María Eugenia Vidal, quien asocia el concepto de seguridad con el deseo de que “nuestros hijos puedan ser lo que quieran ser”. El temor difuso de la ciudadanía se vuelve un dispositivo velado de gestión. La “libertad de elección” emerge como un atributo virtuoso vinculado al desarrollo y la proyección personal de una generación cuyo porvenir se encuentra atrofiado o simplemente “no tiene lugar”. Expresión de nuestro tiempo, en la era biopolítica la propagación de este tipo de enunciados aparecen en modo habitual exhibiendo un sentimiento de alarma que exige una administración “eficaz”.

Como sostiene Foucault (2004), desde principios de siglo XVII el enigma de nuestras sociedades securitarias ha sido cómo limitar desde dentro el ejercicio de gobernar. Los mecanismos de prevención se dirigen a todo daño potencial que resulte imprevisible en la población, entre los cuales la falta de “libertad” resulta un riesgo necesario. No obstante, la administración de los riesgos valorados como tales no remedia la ansiedad de las víctimas: la información sobre la carencia de “libertad” y de seguridad urbana produce un sentimiento de victimización anticipado que cristaliza en el temor a la pérdida. Pues, si algo caracteriza a la sospecha es su carácter performativo: el riesgo tiene la forma de lo que falta y, en ese acto, toma cuerpo su propia definición (Beck, 2000). Con lo cual, la disputa librada en el margen entre la autonomía y la amenaza conlleva la extensión de subjetividades victimizantes que reclaman orden y protección al Estado: “Lo paradójico de esto es que el reclamo de la sociedad no es por la debilidad del Estado frente a las fuerzas sociales del mercado sino para que resuelva o reduzca los delitos interpersonales (comunes) que producen la sensación de inseguridad ” (Pegoraro, 2006).

Así las cosas, los gobernantes deben encargarse de vigilar la seguridad de la ciudadanía comprendiendo sus dificultades, conteniendo su nerviosismo, alertando sobre las zonas donde subyace el riesgo, proclamando la severidad de los castigos. En medio del desarrollo del negocio de la seguridad, el Estado se convierte en un proveedor de este servicio. Pero no cualquier proveedor, su intervención opera sobre las reglas del mismo juego mediante el diseño de las normas de tolerancia autorizadas bajo un vaivén cambiante de orden y conflicto: “Esto se vuelve importante desde la perspectiva de la distinción, muy relevante socialmente, entre los agentes decidores sobre el riesgo y aquellos que tienen que
lidiar con las consecuencias de las decisiones de otros ” (Beck, 2000, p. 11).

En la campaña del PRO, el rastro del sujeto victimario aflora en un semblante masculino. Su significado se supedita a la ausencia de aquello que preserva la autonomía y el resguardo de nosotras. Hacia allí nos dirigimos, en una metonímica búsqueda que, pese a que no surte efecto, se halla “bien”encaminada. Aunque puede conjeturarse un intento por eliminar todo rasgo de violencia narrativa, la comunicación política impide esta posibilidad. La habilidad de los enunciados protectivos (Wiebe, 1978) radica en el trazado de un selectivo movimiento de demarcación que envuelve al grupo de los protegidos relegando a la periferia todo vicio capaz de desafiar el orden dispuesto.

Que en los spots no haya referencias directas a la violencia urbana y se eluda el uso directo a la dimensión del temor no implica que la seguridad sea abandonada como un compromiso fundamental de gestión con la vecindad. Durante la campaña, Macri no sólo le habla a través de los spots a la ciudadanía, al nosotros, también lo hace a través de otros canales. Sale a la calle, firma “compromisos” con los vecinos en eventos que buscan ser comunicados desde los noticieros de los horarios centrales y en el vivo y directo que le permiten los canales de noticias. Luego, cristaliza estos acontecimientos en videos que pasan a formar parte de su campaña 2.0.

En días soleados, en días nublados, Macri se rodea de los vecinos y se compromete a que los chicos disfruten los parques, a promover actividades culturales locales, a sumar más jardines maternales, a mejorar el pedido de turnos telefónicos en hospitales. Y se compromete, también, a brindar más seguridad en los barrios y profundizar las medidas de protección al delito de los adultos mayores.

En el marco del Plan Integral de Seguridad se firma, por un lado, un compromiso que comprende la colocación de cámaras de seguridad para monitoreo en todos los parques y plazas, centros comerciales barriales y accesos a la ciudad. De esta forma, se busca “recuperar” una “tranquilidad” perdida, vivir en “una ciudad que nos cuida y protege”. Por otro lado, un segundo compromiso promete brindar protección y tranquilidad a “aquellos que son más vulnerables”, a través de la distribución de botones antipánico entre los adultos mayores de la ciudad para que puedan emitir alertas ante “situaciones de riesgo”.

La instalación de Circuitos Cerrados de Televisión (CCTV) para vigilancia y monitoreo, históricamente restringida al ámbito privado, ha evidenciado un desplazamiento a nivel mundial hacia el espacio público como parte de políticas de prevención del delito. El mismo rol se le atribuye desde el Gobierno de la Ciudad: las cámaras como prevención, alerta temprana para evitar el delito. Sin embargo, más allá de su efectividad en la reducción del crimen, el recurso político a estos sistemas tiene más que ver con su valor simbólico: el reconocimiento del Estado como dador de un marco de protección a los ciudadanos y la necesidad de demostrar la existencia de acciones desde la gestión orientadas a atender la cuestión del delito ( Norris, McCahill, Wood, 2004).

En este sentido, las cámaras de seguridad se vuelven protagonistas de la comunicación política de campaña. Su colocación se asume como compromiso, sus imágenes se construyen como producto mediático. El mismo Macri recuerda cómo los medios mostraron el “éxi to” de las imágenes a través de la difusión de ciertos videos puestos a disposición por el gobierno local.

Al mismo tiempo, la distribución de estos dispositivos delinea la ciudad segura y sus sujetos. Es que “la videovigilancia incide en la forma en la cual es ejercido el poder, modifica las experiencias emocionales en el espacio urbano y afecta la forma en la cual la realidad es conceptualizada y entendida” (Koskela, 2000, p. 250).

Las cámaras de vigilancia construyen una cierta geografía de la ciudad que está determinada por el miedo, los riesgos y la peligrosidad. Así, los espacios públicos son catalogados a partir de la oposición seguro -inseguro. En paralelo, los sistemas de monitoreo buscan articular el control por parte del Estado con un consenso social acerca de lo que debe ser denunciado: aquello sospechoso, peligroso y desviado. ¿Dónde hacen foco, entonces, las cámaras?

Macri asume el compromiso de brindar “tranquilidad” a “todos los
vecinos” pero enumera, sin embargo, algunos de los grupos sociale s que integran dicha categoría: “madres con sus hijos”, “enamorados” y “abuelos” que visitan habitualmente las plazas. De esta forma, el espacio público invita a algunos y expulsa a otros. Dos grupos de sujetos se presentan como excluyentes: los vecinos, ese nosotros inclusivo (víctimas); y los delincuentes o disturbadores del orden público, esos otros , sobre los cuales las cámaras deben focalizar su atención. La “tranquilidad” prometida, por su parte, se asimila al orden público. Su mantenimiento es el objetivo mismo de este tipo de políticas, que asocian la seguridad barrial con la ausencia de delitos. De aquí que el discurso del PRO contribuya a reproducir la persecución del sujeto desviado alzada desde los medios masivos en un escenario en que predomina la criminología del otro (Garland, 2005).

Gubernamentalidad y comunicación política

“Cuando ves a una partera entrando al hospital a las dos de la mañana, es imposible no sentirse inspirado”, se oye decir a Macri con voz serena y entusiasta en la campaña audiovisual. La vida aparece como un valor fundamental que requiere tratarse con energía y responsabilidad. En su gestión, el PRO dice haber cumplido el mandato de resguardar al sector más vulnerable de la ciudad logrando “la tasa de mortalidad infantil m ás baja de la historia, más vida en Buenos Aires, ¿se imaginan una satisfacción mayor para tanto esfuerzo?”. La voluntad de proteger a “nuestros hijos” ha dado sus frutos gracias a la dedicación de médicos, asistentes sociales y especialistas “fenómenos”, unidos para hacer posible el beneficio de todos.

¿Dónde está el futuro? En una educación concebida en función del
mercado laboral, responde Macri. La mirada se dirige hacia fuera, aspira a insertarse en la denominada “sociedad de la información” de la que nadie puede hallarse exento. Con todo, este último es un problema saldado puesto que en la ciudad se ha intervenido para fomentar la igualdad de oportunidades: “Por eso incorporamos inglés desde primer grado e instalamos Internet en el 98 por ciento
de las escuelas de la ciudad”. La apuesta no apunta al resguardo de la identidad nacional, más bien reduce sus envites al ámbito local.

En un compendio de enunciados directivos orientados a instruir a la
ciudadanía en la práctica electoral, el PRO enseña cómo de be conducirse a todo aquel que abogue por el crecimiento y el progreso de la ciudad. La pauta es muy breve y concisa: “Este 23 (de octubre) cortá boleta y votá al PRO”, acto que se erige en punto de partida para una innovación en el modo de hacer política. El candidato se muestra optimista advirtiendo que la perdurabilidad del “gobierno que empezamos juntos” dependerá de la confianza y la buena voluntad del electorado unido: “Por eso les pido por favor que nos voten, que voten por la ciudad porque juntos venimos bien”. Está claro que la transformación reivindicada no alude a las acciones hasta el momento trazadas por el Gobierno de la Ciudad. Éste se afirma en un “poder ciudadano” que el candidato a Jefe de Gobierno se compromete a defender más allá de quien esté a su lado, “sea el lugar que sea”. Porque lo importante es comprender que si atendemos a nuestros puntos en común podremos convertir las ataduras en libertad.

Ahora bien, ¿hasta dónde? El Estado no puede eliminar totalmente la dependencia a menos que decida traspasar su propia autoridad, la misma que precisamente hace existir al soberano como tal (Schmitt, 2001). Ante el reclamo de “libertad”, se pueden concebir dos caminos: confirmar su existencia y adoptarla como una obligación moral o dotarla de un sentido político que permita exhibir la asimetría en que se sustenta. La estrategia discursiva empleada por el partido de Mauricio Macri, se nutre de rasgos provenientes del paradigma de la victimización (Pitch, 2003) interpelando al sujeto político como ciudadano necesitado de “libertad”. Pero si asumimos que no existe sociedad sin obediencia podemos afirmar que, en nombre de la “libertad”, se emplean estrategias biopolíticas como modo de gubernamentalidad. El PRO se construye como una más de las víctimas deseosas de convertir el diálogo en orden, el riesgo en promesa, la vecindad en fuerza.

Vimos que, según Simon, las campañas locales y nacionales norteamericanas vienen siendo hace décadas marcadas por discursos centrados en la guerra contra el delito. No obstante, también fuimos recorriendo cómo en una elección local en Argentina, como lo fue la campaña de Mauricio Macri en 2011, la construcción de los dirigentes lejos está de erigirse a partir de la definición explícita de una lucha contra la delincuencia.

Sin embargo, el temor a la criminalidad aparece solapado tras la definición de la necesidad de proseguir, tras una gestión del mismo signo electoral, con el camino de libertad y orden. En tanto el discurso de campaña se aleja de un horizonte confrontativo y el posicionamiento busca reforzar la dimensión significante del consenso y el diálogo, la apelación a la imagen de guerra lejos parece ser la más adecuada. Más bien, los spots de campaña revisados promueven una discursividad en torno de la gestión e ficiente en pos de revivir una ciudad para nosotros los vecinos. La seguridad urbana se concibe en la campaña como responsabilidad vecinal de sujetos privados que desconfían de la aplastante intervención del Estado Nacional y se unen para administrarla en función del propio costo -beneficio. De allí que en la discursividad configurada en la campaña del PRO los candidatos se identifiquen con la experiencia de victimización de una vecindad de la que ellos mismos buscan formar parte. Víctimas de los fantasmas q ue pueden atacarnos tanto desde la confrontación política, como desde la embestida criminal.

Las mitologías construidas en un contexto de campaña dan cuenta de un espacio conflictivo donde se plasman las preocupaciones sociales y los imaginarios políticos contemporáneos. La campaña refuerza un horizonte de administración de los riesgos en el cual la vida que se preserva es la del nosotros: el futuro es el de las vidas que se ubican al interior de nuestro territorio. El territorio protegido es el de la Ciudad de Buenos Aires, en términos locales. Más allá de su frontera, la otredad. Pero dentro de nuestro mapa se circunscriben zonas resguardadas de la violencia que se cuela dentro de la cotidianeidad de los vecinos de la ciudad. En este sentido, hemos visto que la finalidad de la videovigilancia es localizar y reducir las pequeñas y cotidianas incivilidades así como las oportunidades delictivas propagadas en la ciudad, particularmente en zonas frecuentadas por las potenciales víctimas. El ejercicio de gobierno que recuerda la campaña alude, entonces, a la búsqueda de la seguridad local, ubicando a los fantasmas como un abyecto exterior a la territorialidad ciudadana. El fantasma de un otro confrontativo y violento no debe advertirse dentro de los parámetros de un ilusorio orden interno.

Notas:

1 Este análisis forma parte de una investigación más amplia desarrollada por las autoras. En ella se buscan develar rasgos de la comunicación política contemporánea en Argentina y las definiciones emergentes en época de campaña electoral en torno de la criminalidad y sus modos de conjura.

CONFLUENZE Vol. 5, No. 1, 2013, pp. 249 – 263 , ISSN 2036 – 0967, Dipartimento di Lingue, Letterature e Culture Moderne, Università di Bologna .

2 Se entiende por gubernamentalidad al “[…] conjunto de instituciones, procedimientos, análisis y reflexiones, que han permitido ejercer esta forma específica de poder, cuyo blanco es la
población” (Foucault, 1991, p. 25).

3 Esto es: “[…] una forma de concordancia de reglas, formas de pensar, procedimientos tácticos, con un conjunto de otras condiciones, bajo las cuales, en un determinado momento, resulta posible percibir algo como un «problema», tematizarlo como tal” (De Marinis, 2009, p. 14).

4 Para más información, véase: González, L. y Lio, V. “La ciudad vigila. Cámaras de seguridad y nueva policía en la gestión del PRO en Buenos Aires (2007- 1012)”, en X Jornadas de Sociología de la
UBA, Buenos Aires, 1 al 6 de Julio de 2013. Disponible en: http://sociologia.studiobam.com.ar/inde x.php/mesas/politica – medios- de- comunicacion- y -opinion- publica- una – tensa – relacion/ [Mayo 2013].

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Sitografía

Bajamos la mortalidad infantil

Contamos con tu voto

Dialogar nos une

El 10 de julio votá por la Ciudad

 Educación

Elegir

La Ciudad nos une

Más seguridad en los barrios

Más seguridad para adultos mayores

Mauricio Macri en el Cierre de la Campaña

Mauricio Macri en el Cierre de la Campaña en Boedo

Mauricio Macri en el Cierre de la Campaña en Plaza Mafalda

Somos una fuerza joven con ganas e ideas nuevas

Votá por la Ciudad que querés

Mercedes Calzado: doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Investigadora del Instituto de Investigaciones Gino Germani (Facultad de Ciencias Sociales, UBA) Se licenció en Ciencias de la Comunicación y realizó la Maestría de Investigación en la UBA. Docente de la Carrera de Comunicación (UBA), actualmente se desempeña como investigadora asistente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET).
Contacto: mcalzado@sociales.uba.ar

Mariana Fernández: Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires. Investigadora del Instituto de Investigaciones Gino Germani (Facultad de Ciencias Sociales, UBA). Actualmente se encuentra realizando la Maestría en Socio logía de la Cultura y el Análisis Cultural en el Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES/UNSAM).
Contacto: mcf.mariana@gmail.com

Vanesa Lio: Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires. Investigadora del Instituto de Investigaciones Gino Germani (Facultad de Ciencias Sociales, UBA). Actualmente se encuentra realizando la Maestría en Comunicación Pública y Política de la Universidad de Pisa (Master di II Livello in Comunicazione Pubblica e Politica, Università di Pisa).
Contacto: vanesa_lio@hotmail.com

Camila Dabat, Vanesa Lio

Trabajo presentado en las Jornadas de la Carrera de Ciencias de la Comunicación, Facultad de Ciencias Sociales- UBA, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, llevadas a cabo en noviembre de 2013.


1. Introducción
En las últimas décadas, las políticas de seguridad han alcanzado una centralidad
cada vez mayor en las planificaciones de gobierno, tanto a nivel nacional como
provincial y municipal. El fenómeno de la inseguridad urbana, instalado como principal
problema público desde 2008 (Lagos & Dammert, 2012), se consolidó como eje de
campañas electorales y agendas mediáticas. De esta forma, la batalla contra el delito se
convirtió en uno de los principales motores de la gubernamentalidad y, durante los
períodos electorales, la disputa a nivel discursivo se centró en torno a las definiciones de
la inseguridad, los riesgos de la ciudad y los miedos actuales.
La campaña electoral es, a su vez, una instancia en la cual se pueden analizar las
diferentes formas de gubernamentalidad que se ponen en juego. Para esto es necesario
considerar dos instancias que se condicionan mutuamente: las racionalidades políticas,
que son “campos discursivos de configuración cambiante en cuyo marco se produce la
conceptualización del ejercicio del poder”, y las tecnologías de gobierno, entendidas
como “procedimientos prácticos por los cuales el saber se inscribe en el ejercicio
práctico del poder, la autoridad y el dominio” (De Marinis, 1999).
Entre las racionalidades políticas relacionadas a la cuestión de la seguridad que
atraviesan el discurso electoralista se pueden identificar a las siguientes:

 La inseguridad es el principal problema de los habitantes de la provincia de
Buenos Aires.
 La inseguridad es lo que quita la tranquilidad a los ciudadanos y los hace vivir
con miedo.
 Para resolver el problema de la inseguridad hay que invertir en prevención.
 La justicia es lenta y los delincuentes no son juzgados ni condenados
adecuadamente.

A partir de estas cuestiones, los candidatos proponen ciertas tecnologías políticas
destinadas a dar respuesta a las racionalidades que circulan. El concepto permite incluir
agentes no humanos que atraviesan las relaciones sociales y que tienen un papel
fundamental en la modelación de la conducta de los individuos (De Marinis, 1999).
También hay que destacar que la implementación de las mismas está determinada por
las contingencias, esto es así en el funcionamiento de la gubernamentalidad en general,
pero en el seno de una campaña electoral aparece mucho más marcado: los candidatos
orientan sus propuestas en base a los sucesos que tengan lugar (o no) durante el período
de elecciones. Por lo tanto, las tecnologías de gobierno que se identifican las
discursividades analizadas son:
 Baja en la edad de imputabilidad de los menores que comenten delitos.
 Creación de policías municipales.
 Colocación de más policías en las calles, ampliación y modernización de las
fuerzas de seguridad.
 Desarrollo de políticas de inclusión social y de prevención.
 Modernización de la justicia y dotación de mayores recursos

El presente trabajo propone un análisis desde una perspectiva biopolítica, la
misma es entendida como la necesidad de garantizar la seguridad sobre la vida de los
individuos (Gros, 2010: 285). En esta clave se analizan las propuestas en materia de
seguridad diseñadas por los diferentes candidatos a diputados por la Provincia de
Buenos Aires en el período previo a las Primarias Abiertas Simultaneas y Obligatorias
(PASO) y a las posteriores elecciones legislativas que tuvieron lugar en 2013. Se busca
demostrar de qué manera, en un contexto de campaña electoral, se establece
discursivamente una relación de contigüidad entre seguridad y vida, como si la garantía
de la primera fuera la condición de existencia de la segunda.

2. Provincia de Buenos Aires: un territorio caliente

2.a) Contexto
La provincia de Buenos Aires es el principal distrito electoral de Argentina.
Dividida en 135 partidos, posee más de 11 millones de electores que representan al 37%
del padrón nacional. En las elecciones legislativas de 2013 se pusieron en juego 35
bancas en la Cámara de Diputados. Debido a estas cuestiones es una plaza de
importancia fundamental en la configuración del mapa político nacional. En
consecuencia, los debates en materia de seguridad que surgieron durante la campaña
tuvieron una proyección hacia todo el país y muchos candidatos participaron en el
debate sobre temas como la baja en la edad de imputabilidad de los menores, la creación
de ministerios de Seguridad provinciales, el uso de cámaras de seguridad y las policías
municipales.

2.b) El nuevo Ministerio de Seguridad Provincial
Durante los últimos seis años la existencia de los ministerios de Justicia y
Seguridad fue variando de acuerdo a las diferentes coyunturas políticas. Hasta el 2007 la
provincia de Buenos Aires contaba con un ministerio de Seguridad, que el gobernador
Daniel Scioli decidió desdoblar en dos, creando así el ministerio de Seguridad –
precedido por el ex fiscal Carlos Stornelli- y el de Justicia –precedido por Ricardo
Casal. En el año 2010 se revierte esta decisión y se vuelven a fusionar ambos
organismos. Stornelli salió del gobierno, luego de la cuestionada actitud que la policía
tuvo en el desenlace del caso Pomar, y Casal quedó a cargo del Ministerio de Seguridad.
Finalmente, en septiembre de 2013 y en un contexto en el cual el reclamo por mayor
seguridad está en el centro de la campaña electoral, el gobernador decidió volver a
dividir los ministerios y designar a Alejandro Granados como ministro de Seguridad en
reemplazo de Ricardo Casal, quien quedó al frente del Ministerio de Justicia de la
provincia de Buenos Aires.

La estrategia en materia de seguridad impulsada por Granados tiene como eje un
plan Integral de Prevención que consiste en poner más efectivos policiales en las calles,
tarea que será realizada por oficiales bonaerenses, ex policías y agentes que cumplían
tareas administrativas. El financiamiento de nuevos móviles estará a cargo de cada
municipio mientras que el gobierno provincial colaborará con la logística y los recursos
humanos. Con esto se pretende mostrar una mayor presencia policial en las calles y
responder, en cierta medida, a la demanda colectiva de “mayor seguridad”.
A partir de esta medida, el oficialismo bonaerense impulsa la aplicación de
ciertas tecnologías de gobierno con el objetivo de responder a muchas de las
racionalidades políticas que circulan y que son la principal demanda del electorado
provincial. Si bien la creación del ministerio de Seguridad no es un tema que involucre
directamente a los candidatos analizados, la designación de Granados ha generado
grandes controversias y ha sido unos de los ejes del debate en materia de seguridad
entre los candidatos bonaerenses.
3. La seguridad en la campaña electoral: planes, programas y propuestas

El temor al delito tomó centralidad en la comunicación política de campaña a
partir de la caída de las sociedades salariales y la consolidación del neoliberalismo.
Como explica Jonathan Simon (2011) para el escenario norteamericano de la década del
sesenta: “Las campañas electorales para los cargos de alcalde, gobernador, procurador
general y, sobre todo, presidente de la nación se han transformado, en parte, en una
lucha por quién se muestra dispuesto a ir más lejos en su papel de acusador (…) Los
mandatarios deben mostrar que se identifican con la experiencia de victimización
delictiva y con el deseo de venganza que provoca”. (Simon, 2011: 55)

Las campañas electorales diseñadas por los principales partidos políticos en la
Provincia de Buenos Aires en 2013 no quedaron ajenas a esta lógica, a continuación se
analizan las estrategias comunicacionales y las propuestas en materia de seguridad que
utilizaron las cuatro principales fuerzas políticas: el Frente Renovador, Unidos por la
Libertad y el Trabajo, el Frente Progresista Cívico y Social y el Frente para la Victoria
3.a) Propuestas de seguridad en el Frente Renovador

El intendente de Tigre y primer candidato a diputado por el Frente Renovador
Sergio Massa declaraba en la previa a las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias
(PASO): “La seguridad no es una obligación de los intendentes, pero es un pedido de
los vecinos y nosotros no escondemos la cabeza y vamos al frente contra los
delincuentes”. La administración de los miedos urbanos desde la discursividad de
campaña y la construcción de una legitimidad político-electoral a partir de la guerra
contra la inseguridad caracterizaron la comunicación política de los distintos candidatos
a diputados y senadores, tanto en el período previo a las PASO como en la disputa final
en pos de las elecciones abiertas del mes de octubre.
En el caso del nuevo Frente Renovador, esta utilización de la “seguridad” como
un eje de la campaña electoral representa un elemento de continuidad respecto a la
gestión del Intendente de Tigre y, en particular, a la comunicación institucional del
municipio. Especialmente desde el retorno de Massa a Tigre –luego de la interrupción
de su mandato para hacerse cargo de la Jefatura de Gabinete de la Nación entre julio de
2008 y julio de 2009– el municipio adquirió un gran protagonismo, primero en el
contexto provincial y más tarde también a nivel nacional, respecto a sus políticas de
gestión de la inseguridad a nivel local. De hecho, ya en marzo de 2008 Tigre inauguraba
un plan municipal de monitoreo satelital pionero en el país y comenzaba lentamente a
posicionarse como un municipio “modelo” en lo que a sistemas de vigilancia con CCTV
respecta. En los años que siguieron, el plan “Alerta Tigre” generó un efecto dominó en
una gran cantidad de municipios bonaerenses que empezaron gradualmente a imitar su
iniciativa. Actualmente, además de contar con uno de los sistemas de monitoreo con
cámaras de seguridad más complejo y extenso de Argentina, se destaca por la especial
atención que sus dirigentes otorgan a la difusión de su política en materia de seguridad y
por la estrategia comunicacional diseñada.
Con una exaltación de la función poética del lenguaje descripta por Roman
Jakobson, la campaña gráfica del Frente Renovador liderado por Sergio Massa se centró
en el juego gráfico “+a”. Utilizando una estética minimalista, con un fondo negro y la
utilización de los colores rojo y amarillo que identifican la gestión de Sergio Massa
como intendente de Tigre, la gráfica se completaba con una palabra, que se proponía
como una idea o concepto: “seguro”, “futuro”, “unión” o “gestión”. Otra de las
secuencias gráficas de campaña utilizaba el símbolo “+” junto a estos conceptos,
adquiriendo así el significado de la palabra “más”. De esta forma, se presentan como
una suerte de propuesta de campaña: “+seguridad”, “+justicia”.
En concordancia con su política comunicacional a nivel municipal, la seguridad
fue un elemento central en el diseño de la campaña de Sergio Massa tanto para las
PASO como para las elecciones generales del mes de octubre. Poco después de haber
lanzado su campaña para las PASO, Massa presentó en el mes de julio una batería de
siete propuestas legislativas para “mejorar la seguridad de las personas”. Una y otra vez,
la inseguridad fue identificada como “la mayor preocupación de la gente”. Con las
imágenes de las cámaras de seguridad distribuidas por el municipio de Tigre a sus
espaldas, el candidato identificó los siete ejes centrales: tres de alcance nacional y otros
cuatro de alcance provincial. Las propuestas para la agenda nacional incluyeron tres
proyectos de ley enfocados en el endurecimiento de las penas: prisión perpetua para
quienes organicen o financien operaciones de narcotráfico, prisión perpetua para el
abuso sexual agravado por el vínculo e imprescriptibilidad de los delitos de homicidio
criminis causa, violación seguida de muerte, privación de la libertad seguida de muerte
y narcotráfico.
Los proyectos para la agenda provincial, en cambio, incluyeron: una ley para la
implementación de las policías municipales en la Provincia de Buenos Aires; un Ley de
Vigilancia Electrónica Mínima Obligatoria, que propone la obligatoriedad de una
cámara de seguridad cada 1.000 habitantes; la descentralización y modernización del
Poder Judicial de la Provincia de Buenos Aires; y una ley “Anti-Rueda Giratoria” para
limitar las excarcelaciones en la provincia.
De acuerdo al documento de presentación de las propuestas del Frente
Renovador, “la prevención es la base de toda política de seguridad”. El discurso
preventivo comienza a materializarse en Argentina a mediados de la década del ’90,
junto con una tendencia a la descentralización producto de una respuesta estatal
orientada a la reubicación y redefinición de responsabilidades (Sozzo, 2009). De hecho,
Alessandro Baratta (1998) señala que una de las características distintivas de este
modelo es la pluralización de agencias y/o actores estatales y no estatales que son
convocados para participar en el “gobierno de la seguridad”.
En este sentido, las propuestas de Massa combinan el recurso penal asociado al
objetivo de reprimir el delito y endurecer las penas, con la promoción de estrategias de
prevención que presentan a la tecnología como un elemento “fundamental” y la gestión
a nivel local como una prioridad. A esto se suma, en el plano discursivo, la inclusión de
la ciudadanía como partícipe activo en la lucha contra el delito. Con la frase “Todos
haciendo Argentina” el Frente Renovador se presentaba en su sitio web poco después de
su lanzamiento. Un “todos” que pretende incluir a “los más de 40 millones de
argentinos” en la construcción de una agenda que represente “los problemas reales y
cotidianos que preocupan a todos”: la justicia y la inseguridad encabezan la lista. La
estrategia participativa en materia de seguridad también representa un elemento de
continuidad con la gestión municipal, que se centralizó en la utilización de las nuevas
tecnologías, canales web y redes sociales, redefiniendo el programa como “Alerta Tigre
2.0”.
Por otra parte, la videovigilancia, estandarte de la gestión del Intendente de
Tigre en materia de seguridad, surge entre las estrategias de prevención situacional del
delito, es decir, como una intervención que impacta en la dimensión física y espacial de
la situación delimitada como potencialmente productora de oportunidades para la
comisión de actos delictivos (Sozzo, 2009). Al mismo tiempo, a fin de “desplegar un
servicio de prevención más eficiente, trasparente y próximo a la gente”, el Frente
Renovador establece que “el primer escalón en la prevención del delito debe estar a
cargo de las autoridades locales”, dado que el modelo centralizado de gestión de la
seguridad en la Provincia de Buenos Aire “ha dado muestras de ineficiencia y poca
transparencia”. Cámaras de seguridad y policías municipales son, en síntesis, los dos
ejes centrales de la estrategia de seguridad del candidato a diputado por el Frente
Renovador.
Estas propuestas se plasman en la estrategia de comunicación a través del
empleo de diferentes técnicas, pero en la mayoría de los casos, la idea de combate y de
lucha atravesaron la campaña de Sergio Massa: desde su primer spot previo a las PASO
donde “se ponía los guantes” para enfrentar al oficialismo hasta su estandarte de
campaña: “dar batalla” a la inseguridad. “Tolerancia cero” y “propuestas claras”
encabezan los nuevos spots de Massa para las elecciones generales de octubre.
En las propuestas en materia de seguridad hace un especial hincapié en mostrar
los resultados de la gestión en Tigre. Los spots que ilustran la temática muestran
imágenes del sistema de cámaras y monitoreo que se instaló en dicha localidad, se ve a
una policía eficiente, desarrollando sus funciones de manera activa y controlada desde
los centros de operaciones. Todo acompañado por una música similar a las de las
películas de acción que refuerza la idea de eficiencia que se pretende construir con las
imágenes y secuencias que se suceden en el plano visual. También adapta el juego “+a”
y lo condensa en la temática, de esta manera propone: “+penas – Prisión perpetua para
los narcotraficantes”, “+seguridad – Policía Municipal” y “+prevención – Sistema de
vigilancia y monitoreo”.
La campaña gráfica mantiene la misma estética que los spots audiovisuales, con
imágenes en la misma sintonía ancladas a la frase: “No se puede seguir ignorando la
inseguridad, hay que pelear de frente y a fondo. +ahora que nunca”.
La lucha contra el delito se relaciona con la posibilidad de “construir un gran
futuro” en un candidato que dice “escuchar” a los vecinos: “Así conocí a Laura –relata
Massa en el spot–, una vecina como vos que me contó que le habían robado tantas veces
que ya no se animaba a caminar sola por la calle”. Ante esto, las propuestas: “más
cámaras de seguridad y botones anti-pánico para prevenir, policía municipal para
controlar, y fiscales y jueces en cada barrio. Así como un cambio en la ley, para que los
delincuentes no entren por una puerta y salgan por la otra”.
En varias oportunidades incluye el verbo “pelear” en su discurso, asociándolo a
la acción, al desarrollo de políticas y a la puesta en práctica métodos eficientes que
permitan resolver la inseguridad, considerada la principal preocupación de los
habitantes de la provincia de Buenos Aires. En un tramo de uno de sus spots se lo
muestra en una actitud decidida, mirando fijo a la cámara y afirmando: “Si quieren
pelear, vamos a pelear. Vamos a pelear contra la inseguridad porque vos tenés miedo
(…)”. El interlocutor al que apela en este caso es a aquel votante que siente miedo
producto de la inseguridad, de esta manera, debido a las construcciones discursivas que
plantea, se focaliza en las víctimas o potenciales víctimas del delito, es a ellas a quienes
interpela de manera permanente: “Hay un temor a creer que apostar a la seguridad es
sinónimo de ser represivo, ‘facho’, de derecha, cuando en realidad, defender la
seguridad de la gente es defender la vida”, declaraba Massa en una entrevista una
semana antes de las elecciones.
3.c) Propuestas de seguridad del Frente para la Victoria
El oficialismo designó a Martín Insaurralde, intendente de Lomas de Zamora,
para encabezar la lista de diputados por la provincia de Buenos Aires. A diferencia del
resto de los partidos, el Frente para la Victoria no edificó su campaña en torno a la
problemática de la inseguridad, sino que fue un tema que se puso en debate luego de las
PASO y de la mano del propio Insaurralde.
Al tratarse de un candidato poco conocido en la mayoría de los distritos, durante
la primera etapa de la campaña hubo una fuerte presencia de la presidenta Cristina
Fernández de Kirchner y del gobernador Daniel Scioli mostrándose junto a él. De esta
manera, en los primeros materiales de comunicación, el oficialismo destaca los logros
obtenidos durante los últimos diez años bajo el lema “en la vida hay que elegir”. Así
destacan: la inclusión, la solidaridad, la recuperación de empresas nacionales, la
Asignación Universal por Hijo, el plan Conectar Igualdad, etc, sin hacer referencia
alguna a temas securitarios.
También hay otros spots en los cuales el propio Insaurralde se presenta a sí
mismo, donde hace un fuerte hincapié en lo afectivo: “La política me relaciona de
muchos afectos. Más allá que dicen que en política a los afectos siempre hay que
dejarlos de lado, yo no puedo. Sin amor, sin cariño, no puedo” y concluye que junto con
Daniel Scioli: “Formamos parte de un gran proyecto de ideas, de debate donde
pensamos en cómo incluir a la mayoría de los argentinos”. También deciden recalcar su
gestión en el municipio de Lomas de Zamora, se muestra a vecinos destacando las
soluciones que les trajo en materia de inundaciones y de pavimentación.
Ante la llegada de las PASO, Martín Insaurralde ya era lo suficientemente
conocido como para despegarse de la imagen de la presidenta y del gobernador, por eso,
luego de las elecciones de agosto, la campaña cambió de una forma considerable y pasó
a centrarse exclusivamente en su figura. Se apela al doble juego entre sus iniciales “MI”
y el pronombre posesivo “mi” para construir diferentes expresiones como “MI
diputado”, “MI convicción”, “MI vida”, entre otros. En la misma línea con los spots
anteriores, continúa la apelación al componente emocional, se lo ve al candidato
sonriente, agradeciendo a todos los que lo votaron –sin conocerlo- e invitando a quienes
no lo hicieron a hacerlo. En esta línea emotiva también se dedica un spot especialmente
a repasar la vida personal y profesional del candidato, con imágenes de su familia, su
infancia, sus logros en Lomas de Zamora y terminando con su compromiso y su gente.
El discurso oficialista hizo pocas referencias a cuestiones vinculadas a la
seguridad, sin embargo, es el propio Insaurralde quien pone en debate uno de los temas
más controvertidos: la baja en la edad de imputabilidad de menores. Es una cuestión que
durante la campaña de las PASO no se debatió, sin embargo el tema pasó a ocupar un
lugar importante a partir de las declaraciones que el intendente de Lomas de Zamora
hizo el 5 de septiembre en un programa de televisión. Allí afirmó que durante los
próximos días presentaría dos proyectos: uno para bajar la edad de imputabilidad de los
16 a los 14 años y otro para fomentar el desarme en la provincia de Buenos Aires. A
partir de estos dichos el debate se instala en la agenda de los candidatos de todo el país.
Las cuestiones relacionadas con la seguridad no habían formado parte de la
campaña de los candidatos oficialistas, sin embargo en declaraciones posteriores,
Insaurralde afirmó que “la seguridad es parte de la agenda de este gobierno”.
Básicamente lo que propuso fue la conformación de un Régimen Penal Juvenil que
aborde a los jóvenes de entre 14 y 18 años, el objetivo sería poder reinsertar a los
menores que delinquen brindándoles un tratamiento diferente al que se le da a los
adultos en las cárceles: “Lo que no queremos es que los menores entren en comisarías o
penales donde estén en contacto con delincuentes mayores de edad y donde se
involucran en la universidad del delito”.
En línea con las tecnologías de gobierno mencionadas, las propuestas en relación
a la seguridad hacen hincapié en la noción de prevención para lo cual proponen ampliar
y mejorar las dotaciones policiales. También destacaron la necesidad de garantizar la
inclusión social como factor determinante para garantizar la seguridad.
3.c) Propuestas de seguridad del Frente Progresista Cívico y Social
El partido encabezado por Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín, reforzó su
discurso frente al tema de la inseguridad luego de las PASO. La cuestión ya aparecía en
los spots previos, con menciones que hacían referencia a la definición de la inseguridad
como una sensación, en clara alusión a declaraciones previas de diversos referentes del
kirchnerismo respecto a la temática. “Venimos a terminar con la inseguridad, para que
la tranquilidad sea la única sensación que tengamos”, expresa Alfonsín en uno de los
spots.
Sin embargo, es preciso aclarar que la existencia del “sentimiento de
inseguridad” no explica por sí misma ni bajos ni altos niveles delictivos. En realidad, el
sentimiento de inseguridad guarda una autonomía relativa respecto al delito: si bien
aumenta al incrementarse la victimización, una vez instalado como problema social ya
no disminuye al ritmo de las tasas del delito (Kessler, 2011). Es por esto que, más allá
de las estadísticas delictivas, la lucha contra el crimen se consolida como elemento
privilegiado en las agendas electorales y la inseguridad se presenta como una temática
recurrente de las disputas políticas por el gobierno de las ciudades.
En la campaña diseñada por el Frente Progresista Cívico y Social para las
elecciones legislativas generales de octubre, el discurso centrado en la necesidad de
“unir” el país, que los candidatos describen como fuertemente fragmentado debido a las
confrontaciones políticas, es reemplazado por la idea de “futuro”, a través de la
utilización de mensajes de alumnos de las escuelas que hospedan las elecciones, quienes
piden a los votantes que “piensen en ellos y en su futuro”, eligiendo lo que esos chicos
“quieren”: alguien que no robe y no sea corrupto. De esta forma, a través de una
identificación de la acción de la protagonista del spot con la voz de los niños, son los
niños los que deciden tomar la boleta de la fórmula “Stolbizer-Alfonsín”. Es el “futuro”
el que los elige.
A su vez, estableciendo un puente entre ambas campañas, se revela una notable
conexión entre los conceptos de “futuro” y de “seguridad”. En la construcción
sintagmática ambas unidades aparecen como intercambiables. Así, el slogan “el futuro
empieza en tu voto” se transforma en “la seguridad empieza en tu voto”. Utilizando un
registro informal y directo, el spot de campaña de esta fuerza electoral comienza con la
voz de Stolbizer que presenta el problema: “La inseguridad está en la puerta de tu casa”,
se escucha decir a la candidata a diputada por la Provincia de Buenos Aires. A partir de
allí, el discurso se centra en la presentación de las propuestas para su “erradicación”. La
particularidad de la apelación a la inseguridad en el caso del frente de Stobizer y
Alfonsín es la definición misma del problema. A diferencia de los otros partidos
políticos, los candidatos del Frente Progresista Cívico y Social proponen ir al “foco del
problema” a través de la presentación de un “Plan Nacional de Combate contra las
Drogas y las Armas”.
En el discurso se identifica a “nuestros jóvenes” con las víctimas de las “mafias
del narcotráfico”, alejándose así del preconcepto difundido por los realistas de derecha
que asocia a los jóvenes y adolescentes con potenciales victimarios y disturbadores del
orden público (Di Iulio, 2011). La idea que atraviesa la argumentación es que tanto los
barrios como los jóvenes del conurbano bonaerense son utilizados por las redes de
tráfico de drogas para su producción y distribución.
En esta línea, se propone “urbanizar los barrios más vulnerables”, “apoyar a las
empresas que den empleo a los jóvenes” y “poner tutores de apoyo para que los chicos
se queden donde tienen que estar: en la escuela”. Paralelamente, Stobizer propone la
creación de un “programa nacional eficaz de tratamiento de adicciones” y promete
“poner fin a las zonas liberadas de la droga y a la corrupción policial”, a través de la
implementación de líneas de denuncias anónimas, protección de testigos y “fiscales que
persigan a los narcotraficantes”. Asimismo, se menciona la necesidad de proteger las
fronteras para evitar el ingreso de las drogas, para lo cual se recurre a la utilización de la
tecnología: cámaras de seguridad, radares y escáneres aparecen como protagonistas de
la estrategia de prevención. Finalmente, se menciona la necesidad de nuevas políticas
nacionales, como la creación de una “Agencia Nacional de Combate al Narcotráfico y la
Criminalidad Compleja”, que prevé centralizar información procedente de todas las
fuerzas y trabajar en conjunto con otros países, y un “Plan Nacional de Armas”,
destinado a impedir el robo de armas de las fuerzas públicas y a combatir los almacenes
ilegales.
En el cierre del spot, el discurso apela en modo implícito a la disputa con el
oficialismo y el gobierno de turno. Mientras el mensaje se ramifica y diverge en los
niveles sonoro y visual, ambos contenidos se referencian mutuamente. “Vamos a ir a
fondo, podés sentirte seguro”, se escucha decir en la voz de Margarita Stolbizer,
mientras que en la escritura en pantalla se lee “contra las mafias dentro y fuera del
Estado” y, a través de un aumento en el tamaño de la tipografía, se resalta el vocablo
“dentro”.

3.b) Propuestas de seguridad en Unidos por la Libertad y el Trabajo
Francisco de Narváez, líder del partido, fue otro de los candidatos que decidió
centrar su campaña en la “inseguridad” con la propuesta de un fuerte endurecimiento de
las penas. En la campaña anterior a las PASO, y en el marco de la serie de spots que
reclamaban la necesidad de un debate entre los candidatos, De Narváez sentenciaba:
“No sólo camaritas, un plan integral de seguridad nacional”. Luego de las Primarias y
realizado el lanzamiento de dicho plan, el slogan “Ella o Vos” que caracterizaba la
campaña gráfica y audiovisual del candidato perdió protagonismo frente la nueva frase
propositiva: “Por tu vida. Un crimen, un castigo”, de esta manera, refuerza la
perspectiva biopolítica que adquiere la temática, la contigüidad entre vida y seguridad
en este caso es totalmente explícita.
El Plan Integral de Seguridad, Justicia y Sistema Carcelario presentado por el
partido se basa en cinco ejes centrales: “enfrentar al crimen organizado”, “prevención
social en los lugares del delito”, “modernización policial”, “modernización del sistema
judicial” y “modernización del sistema penitenciario”. El primero de los ejes prevé la
unificación de la información criminal, el incremento del control de fronteras, la
coordinación de las fuerzas de seguridad a nivel nacional, terminar con el mercado de
armas y municiones ilegales, y la lucha contra el blanqueo de dinero ilegal. En segundo
lugar, la denominada “prevención social” incluye, en realidad, estrategias de prevención
situacional del delito: instalación de cámaras de seguridad en las zonas “más
peligrosas”, control de los accesos, limpieza de terrenos baldíos y aumento de la
iluminación pública. Añaden, además, un programa de incentivo profesional y deportivo
para la juventud, la capacitación para prevenir el delito en grupos vulnerables y, la
asistencia jurídica y psicológica para las víctimas de delitos.
La “modernización policial”, por su parte, propone un “nuevo modelo policial”:
eficaz, con más y mejores policías, proactivo y comunitario. El proyecto describe la
necesidad de implementar un único sistema informático de estadística, información
criminal y mapeo del delito. Por otro lado, la “modernización del sistema judicial”
implicaría la descentralización de fiscalías acercándolas a la gente y el potenciamiento
de la policía judicial. A los fines de contar con una “justicia más ágil”, el programa
prevé la reorganización de la estructura judicial, simplificación y agilización de los
procesos, descentralización y juicio por jurados, e implementación de mediación penal.
En cuanto a la “modernización del sistema penitenciario” el proyecto pretende
demoler las cárceles de más de 100 años y construir 10.000 plazas nuevas de acuerdo a
estándares internacionales. A su vez, prevé la creación de institutos especializados para
menores, con mayores actividades educativas y deportivas que alejen a los menores de
la droga, programas de educación y capacitación laboral para el 100% de los internos.
Finalmente, añade la necesidad de incrementar el control de los liberados e implementar
el fuero de responsabilidad penal juvenil con capacitación y presupuesto.
Estas propuestas se reproducen a través de la amplia estrategia de comunicación
elegida para abordar la temática. En uno se los spots audiovisuales se ve a una niña que
escribe un menaje en un papel y se lo da a su madre quien a su vez lo va entregando a
diferentes personas hasta que un niño se lo da a Francisco De Narváez diciendo: “tomá
Francisco, esto es de todos”. El mensaje dice: “queremos vivir sin miedo” y el spot
cierra con la placa: “Por tu vida. Un crimen, un castigo”. La palabra “todos” hace
referencia a “todas” las personas que aparecen en el video: una madre con su hija,
personas trabajando, estudiando, ancianos, un niño. “Todos” son los ciudadanos que
estudian, trabajan y, según sostiene el spot, quieren “vivir sin miedo”. Sin embargo, el
“miedo” no aparece representado, solamente se establece la necesidad –imperante- de
vivir de esa forma.
Otro de los spots previo a las PASO, menciona el hecho de estar “hartos” de
varias cuestionas actuales, una de ellas es la inseguridad, en el video aparecen personas
similares a los potenciales votantes (jóvenes, adultos, ancianos hombres y mujeres,
habitantes de la ciudad y del campo) entre ellas una mujer que dice: “Hartos de que nos
roben: la casa, la cartera, el auto, el celular. Todo”. Se trata de objetos de uso cotidiano
comúnmente sustraídos por los delincuentes, una situación cotidiana que a muchos
bonaerenses les tocó vivir y que condensa varias de las racionalidades políticas
mencionadas.
Con la puesta en escena de este tipo de discursividades, se pretende generar
cierta empatía con el potencial votante a partir de la elección y representación de los
protagonistas y de la reproducción de muchos de los discursos que circulan
habitualmente en estos sectores sociales.
4. Conclusiones

En las sociedades securitarias, el delito se presenta en el marco de una serie de
acontecimientos probables y las reacciones del poder frente a ese fenómeno implican un
cálculo de costos (Foucault, 2006). Los mecanismos de prevención implican, en este
sentido, una forzosa pérdida de libertad que resulta de un intento por controlar todo
daño potencial que resulte imprevisible en la población. Así, la administración de los
riesgos aparece como un nuevo y poderoso mecanismo de control vinculado al
biopoder. Sin embargo, la inflación de la sensibilidad a los riesgos hace que la búsqueda
de seguridad sea siempre infinita y frustrada (Castel, 2004). En estas ciudades devenidas
en enormes panópticos la cuestión ya no es el control del crimen sino la vigilancia como
mecanismo para garantizar la visibilidad y, junto con ella, la exclusión de los “temidos
extraños” (Koskela, 2000: 260). Más allá de los resultados poco comprobables, el
recurso político a la videovigilancia no tiene que ver con su efectividad real si no con su
valor simbólico: el hecho de saber que se está haciendo algo en relación al problema del
delito genera un sentimiento de protección en los ciudadanos (Norris et al., 2004).
En el contexto de estas elecciones legislativas, las racionalidades políticas se
combinan de manera tal con las tecnologías de gobierno que se establece una relación
metonímica entre “seguridad” y “vida”. Las propuestas electorales en la materia se
condicen con las racionalidades políticas que circulan sobre el tema, en sus discursos se
reproducen las ideas e imágenes de un sector importante de la sociedad civil que
reclama una tranquilidad perdida, los políticos vienen a poner a disposición una serie de
tecnologías de gobierno que permitirán recuperar ese bien tan preciado que les fue
“quitado” a los bonaerenses. También cabe destacar que los significantes “vida” y
“miedo” aparecen permanentemente en el discurso electoral. Se trata del miedo a perder
la vida a causa de la inseguridad y es eso lo que los políticos vienen a resolver a partir
de la puesta en práctica de sus diferentes propuestas.
En la edad biopolítica de la seguridad se pueden identificar claramente dos
personajes: el sospechoso y la víctima (De Marinis, 1999: 289). En la campaña
analizada la figura de la víctima aparece en la gran mayoría de los spots sobre el tema,
pero no necesariamente desde el lugar del dolor y de la desesperación -como sí lo hace
en el discurso mediático- en esta oportunidad las “víctimas” forman parte de ese
“nosotros” que “queremos vivir tranquilos” al cual le hablan los diferentes candidatos.
El lugar de las amenazas también es claro: las drogas, las armas, el narcotráfico, los
delincuentes y la corrupción policial son algunas de las más representativas y su mera
existencia sirve como argumento para proponer más vigilancia, más policía y más
control.