Mercedes  Calzado, Juan Pedro Gallardo

Trabajo presentado en el VIII Seminario Regional de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación, llevado a cabo en agosto de 2015 en Córdoba, Argentina.


Introducción 

Este trabajo reflexiona sobre el tratamiento de la cuestión de la seguridad en la campaña electoral para la elección de Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en el año 2007. En razón de ello se identifican las distintas modalidades de intervención, el significado que detenta para cada una de las principales fuerzas políticas en disputa y las formas en que éstas definen discursivamente a sus destinatarios y contradestinarios.
La ciudad capital de la Argentina se encuentra atravesada, desde su etapa moderna, por toda una serie de debates en torno a la necesidad de restaurar un orden corrompido por el accionar delictivo y a las maneras de cómo se debe optimizar la gestión del Estado para lograr la mayor protección de las víctimas.

A partir la reforma de la Constitucional Nacional de 1994 la Ciudad de Buenos Aires se constituyó en un territorio autónomo y pasó a tener la posibilidad de delinear su propia política criminal y a conformar su propia fuerza policial. Con este nuevo estatus comenzaron los vaivenes y tensiones con el poder central, situación que estuvo muy presente en el proceso eleccionario de 2007, año en el cual gana por primera vez una nueva fuerza: Propuesta Republicana (PRO) en la cabeza de un referente que se convertiría en central en el escenario política argentino, Mauricio Macri.
En dicho período, ningún espacio pudo sustraerse de intervenir discursivamente respecto de la violencia urbana, ya que fue un eje central en la agenda electoral. Con grandes diferencias debieron incorporar esta perspectiva a sus estrategias de publicidad y propaganda. A partir del relevamiento de dispositivos gráficos y audiovisuales producidos por cada espacio político para la elección de 2007 y de la construcción informativa realizada por los medios de comunicación, el paper analiza cómo se despliega el debate de la seguridad urbana en el centro de la política local contemporánea.

1.  Orden y autonomía en territorio porteño
En 1994 la modificación de la Constitución definió que la ciudad pasara a ser autónoma. Con Fernando De la Rúa como primer jefe de Gobierno comenzaron los vaivenes y tensiones con el gobierno Nacional para traspasar la Policía Federal. Fruto de esa disputa y las discordancias respecto de cómo entender la autonomía, surge la sanción de la ley 24.588 conocida como “Ley Cafiero” que, entre otros puntos, en su artículo 7, inhabilitaba a la ciudad a contar con una fuerza policial propia, a la vez que especifica que la Policía Federal sigue operando como “garantía de los intereses de la Nación” en la ciudad. Este artículo estuvo vigente hasta agosto de 2007 (Ríos, 2011).
Estos fuertes debates por el control de la policía están, entonces, asociados al modo en que se gestiona un elemento que una década atrás había emergido como una novedad en las agendas mediáticas y políticas: el sentimiento de inseguridad. A la par de la profundización de la desigualdad económica, los años noventa experimentaron un incremento de las tasas de denuncias de hechos delictivos. En algunas ciudades como Buenos Aires se comenzó a medir el grado de victimización de los ciudadanos a través de encuestas específicamente dirigidas a quienes hubiesen sido víctimas de un delito. Pero si bien los índices de homicidios y robos para 2007 se encontraban amesetados en la Ciudad, el umbral de aceptabilidad respecto de la violencia urbana no se modificó y se sostuvieron las demandas de intervención estatal (véase Kessler y Merklen 2013).
La elección de 2007 está encuadrada en estas tensiones. Es importante señalar estas consideraciones porque de algún modo los debates y opiniones que son difundidos desde las fuerzas políticas participantes en esta contienda tienen allí su raíz y fundamento. Obedecen a construcciones preexistentes, por cierto condicionantes del momento donde tienen lugar. Recordemos que David Garland considera en este sentido que por lo general los actores políticos operan en un campo estructurado por fuerzas cuyas lógicas no pueden dejar de seguir. Por tal motivo “son quienes llevan adelante los últimos movimientos más que quienes llevan adelante los primeros” (2012: 28) y quienes deben actuar en medio de las tensiones imbricadas en instituciones, valores culturales y conjuntos sociales activos e intensos.

El trabajo se explaya sobre las modalidades de construcción de la cuestión securitaria durante la elección porteña de 2007, teniendo en cuenta los antecedentes aludidos. El análisis se apoya en el corpus elaborado mediante la recopilación de los materiales de campaña de los principales candidatos en disputa: Mauricio Macri (Propuesta Republicana – PRO), Daniel Filmus (Frente para la Victoria – FPV) y Jorge Telerman (Frente Más Buenos Aires)1. Para revisar sus regularidades y diferencias alrededor de la cuestión criminal, el mencionado relevamiento se realizó durante el mes anterior a la primera vuelta, sucedida el 3 de junio, y los quince días previos al ballotage, ocurrido el día 24 del mismo mes.

Como resultado, se observaron once spots audiovisuales (tres del FPV, tres de +BA y siete del PRO), las plataformas electorales de las fuerzas políticas en pugna, los blogs y sitios web de los candidatos, la gráfica (21 en total), folletería, el debate televisivo entre los tres principales candidatos y dos discursos de campaña. En relación al uso de Internet y las redes sociales, cabe consignar que en el año 2007 no constituían un espacio para el cual se diseñaran estrategias particulares. Si bien eran un territorio electoral, donde era posible replicar y reproducir las piezas publicitarias destinadas para otros dispositivos, lejos estaba de tratarse de un escenario de competencia y construcción política. Ello sucedió recién en el 2009 (2).

Asimismo, incorporamos el vínculo entre las agendas mediáticas y las agendas políticas a través de un relevamiento de las principales columnas de opinión política y tapas de todos los días domingos del 2007 de los diarios Clarín, Página 12 y La Nación; un registro de noticias publicadas en los dos primeros matutinos entre el 20 de mayo y 24 de junio de ese mismo año. La información recabada posibilitó reconstruir el contexto de la contienda, la forma en que se ejerció influencia y las maneras en que apareció la cuestión de la seguridad en los discursos y las estrategias de posicionamiento de los candidatos.

2. Claves diferenciales en el abordaje securitario

Ahora bien ¿con qué particularismos ingresaron los candidatos en el 2007 a uno de los temas de mayor preocupación y repercusión social, siendo a su vez los que les permitieron diferenciarse de sus contrincantes? En la Ciudad de Buenos Aires, la elección encuentra a todos los aspirantes a Jefe de Gobierno diagnosticando al territorio porteño como inseguro y a la urgencia de intervenir para revertir tan peligrosa situación.
En la territorialidad local el tópico de la seguridad se torna un eje central en la confrontación electoral asociada a cómo se percibe el entorno y cómo deben ser encaradas las reformas. Estas enunciaciones adquieren sus particularidades en los discursos políticos si tenemos en cuenta que en ellos “las subjetividades que se construyen habilitan los procesos identificatorios que dan forma al cuerpo social y los movilizan en torno a objetivos, propuestas o consignas” (Arnoux, 2008, 90). Los candidatos son parte de la agenda política, mediática y social y por ello incluyen como parte fundamental de las políticas a llevar adelante la identificación con la importancia de encarar el entorno riesgoso y la definición de modalidades de intervención sobre él. Ellos mismos son parte de una subjetividad de época, motivo por el cual es difícil soslayar la movilización en torno a consignas vinculadas con la seguridad. Esto sucede incluso con las fuerzas de la izquierda porteña. Aunque la clave, el patrón rítmico que gobierna el involucramiento de cada candidato frente a la problemática de la seguridad, fuera diferencial. En este sentido, en las campañas identificamos tres modalidades que definen las principales intervenciones realizadas con respecto a este supuesto: la descriptiva y programática; la evasiva y la prescriptiva(3).

a. El PRO: de la clave descriptiva a la programática

Para el PRO la temática de la violencia urbana es un eje central de la campaña. La clave desde la que entonan las intervenciones sobre la problemática es descriptiva con elementos diagnósticos y propositivos. El diagnóstico es que el exterior, la vía pública son lugares riesgosos. “Los riesgos –explica O ́Malley no son considerados como intrínsecamente reales sino como una modalidad particular en que los problemas son visualizados, imaginados o enfrentados” (2006: 36). La descripción de los escenarios de peligro inminente revelan un modo definir una campaña en la que el riesgo es una tecnología de gobierno. En campaña se recuerda el espejo del peligro que devuelve una calle, un barrio, la Ciudad.

La criminología que impera en la campaña es la de la vida cotidiana, entendida como aquella que saca el foco sobre el delito y el individuo para imprimirlo en el evento delictivo y en la existencia de oportunidades. El peligro parece ser inminente y los miembros del campo político se esfuerzan por expresar su angustia y desazón, por reforzar su “acting out” en torno del avance del delito y sus causas. Sin dejar de reafirmar el mito del Estado soberano, en algunos momentos televisivos los candidatos abandonan su ropaje de interventores para asumir el de un indignado más. En palabras de Garland se “abandona la acción instrumental y racional y se repliega en una modalidad simbólica que podríamos describir (S) como un acting out, una modalidad que se preocupa no tanto por controlar el delito como por expresar la angustia y el odio que el delito provoca (Garland, 2012: 190): “Mientras ustedes discutían estas cosas –afirma Mauricio Macri durante su intervención en el debate realizado entre los tres principales candidatos en el programa político A dos voces de la señal de televisión por cable TN (23/05/2007) se cometieron diez delitos en la Capital”.

Los números indican el riesgo a ser víctima. Por eso los toma como efecto de cierre de la intervención en el único debate televisivo entre los tres principales candidatos. Mauricio tiene la última palabra y subraya: “Un hurto cada diez minutos, un robo cada tres, un intento de privación de la libertad cada diez. No se puede seguir hablando, son muchos años que les prometen y no cumplen”. Decir no es hacer, el tiempo que parecen estar perdiendo en verter palabras en una pantalla no se condice con las necesidades de los electores. Macri parece acentuar la idea según la cual la decisión está en manos del votante, y no hay tiempo para seguir debatiendo un diagnóstico que según su entender es concensuado entre la ciudadanía y demostrado matemáticamente por las estadísticas. Para O ́Malley, lo que es específico del riesgo “es que se trata de una técnica estadística y probabilística, a través de la cual grandes cantidades de eventos son clasificados en una distribución que a su vez es utilizada como un medio para hacer predicciones probabilísticas” (2006: 31). La puesta en acto del peligro a través de un detalle estadístico hace que Macri se legitime por un diagnóstico que no necesariamente tiene que tener una contraparte estadística oficial. El número por sí mismo legitima sus palabras. El riesgo como tecnología de gobierno se revela durante esta campaña en toda su posible extensión.

Pero como la intensión discursiva del PRO lejos está de analizar el entorno sino de posicionarse como una alternativa de gestión eficaz y eficiente, el diagnóstico es acompañado por una segunda clave de intervención discursiva. La clave propositiva le permite inmediatamente ubicarse en propuestas “concretas” de campaña. De allí el slogan: “Estaría bueno”. “Estaría bueno salir tranquilo a la calle, que los que roben no puedan salir”, asegura un hombre de cara a una cámara. Los vecinos de la ciudad en situaciones que se presentan como el día a día de cualquiera, recuerdan sus deseos que del modo de ser formulados parecen ser tan simples como posibles. Un joven prolijamente vestido camina por la calle y la cámara lo toma. De su boca salen las palabras que podrían ser el reflejo de un pensamiento cualquiera, al pasar: “Estaría bueno que aprendiéramosS”. La escena se corta y como la idea individual se encadena con la de otro hombre, en este caso una persona mayor sentado sobre una grada de fútbol con ropa deportiva: “Sque con mayor educación habría menos inseguridad”. El futuro parece estar a la vuelta de la esquina, si en el sufragio se elige la alternativa de un programa político focalizado en hacer algo sobre un objeto tan práctico como inmaterial: la seguridad urbana.

Como si fuera el juego infantil en el que una palabra se encadena a otra y luego a otra hasta transformarse en una frase con sentido, los vecinos parecen aspirar a ideas comunes y ser capaces de transformar una simple noción en una idea de cambio concreta. Así, desde el condicional se enumera un conjunto de aspiraciones que, lejos de ser un horizonte de aspiraciones imposibles o ensoñaciones, devienen condiciones de posibilidad concretas de cambio. Mauricio Macri cierra los spots con una certeza: “Va a estar bueno Buenos Aires”. Los verbos en infinitivo, la definición de un futuro cercano recorren las formulaciones. El momento está llegando. Las ideas colectivas se muestran como construyendo un modo de pensar común y un camino que lo materialice. Macri, en uno de los tantos spot de la campaña, mira a cámara rodeado de verde, en un espacio al aire libre, con sol. “Estamos convencidos que la seguridad, la educación, la salud van a estar buenas en Buenos Aires”. Llegó la hora de concretar las aspiraciones. La clave programática acompaña entonces el diagnóstico común. Se puede hacer, se va a hacer. Va a estar bueno Buenos Aires.

b. El FPV y la clave evasiva

La clave para intervenir frente al debate vinculado con la problemática de la seguridad urbana por parte del Frente para la Victoria es de alguna manera evasiva. El tema no se descarta de
plano, está colocado en la agenda pública y el candidato debe decir algo acerca de él, especialmente durante el proceso electoral de la segunda vuelta cuando la cuestión securitaria es tomada por el macrismo como eje de campaña. Llegado ese punto, el candidato incluye en un tono casi neutro el ítem seguridad, por ejemplo en alguna de sus publicidades gráficas. “Gracias por elegir educación, seguridad y soluciones”, Filmus se posiciona al arrancar la segunda vuelta tomando la parte faltante de la primera parte de la elección.

De todos modos, la clave que predomina a lo largo de esta campaña es la evasiva, se evita intervenir y debatir sobre la seguridad. Para el FPV es una situación incómoda debido a que detenta la gestión sobre la Policía Federal Argentina (PFA) al ser la fuerza política a cargo del Poder Ejecutivo Nacional (PEN). Al mismo tiempo, el déficit se acentúa al concentrar sus planteos sobre esta materia en la necesidad de fortalecer las políticas sociales llevadas adelante por el gobierno central. Evade la dimensión de las políticas de seguridad, por ubicarlas como un eje discursivo de “otros”, focalizándose en la problematización de la cuestión social y proponiendo una confrontación entre dos modelos sociales, económicos y culturales.

Esta posición quedó plasmada el 19 de mayo en el acto realizado en el parque de ingreso al complejo habitacional Lugano I y II del barrio de Villa Lugano, donde Filmus compartió la palabra con el presidente Néstor Kirchner. Allí, en palabras luego recogidas por el diario Claríndel día siguiente, afirmó: “En las elecciones sólo hay dos opciones: volver al hambre y a la marginalidad de la derecha y el neoliberalismo (por Mauricio Macri) o avanzar en el sendero de la justicia social. No nos equivoquemos: o volvemos hacia atrás o seguimos con el Presidente”. El posicionamiento connotativo del candidato, el sentido privilegiado de sus piezas gráficas y audiovisuales y sus discursos es el refuerzo del vínculo con las palabras trabajo y educación.

Ahora bien, en el momento de debatir con los otros candidatos Filmus parece quedar afuera de discusión. Por un lado quizás por sus dificultades de establecerse como un televisable. Por otro, por la dificultad de intervenir en la temática securitaria. Los medios, lejos de solo potenciar la mayor circulación de los candidatos y sus ideas, también modifican las formas de llegada a las audiencias votantes, la forma misma de hacer política. “La primacía de aparecer, del mostrarse, clasifica de por sí a la clase política en “televisable” y “no televisable”. El “televisable” no responde a un modelo único y fijo, depende de los ejes de demandas, simpatías y expectativas que prevalecen en la cultura política del país en una etapa dada. La pantalla es un filtro que produce mayores efectos aunque los que genera, en su momento la aparición del cine sonoro sobre el personal artístico de los grandes estudios cinematográficos” (Landi, 1991).

En el debate con Macri y Telerman en A dos voces, la pantalla se divide entre los tres contrincantes y el postulante por el FPV parece sólo mirar la disputa desde el costado derecho de la pantalla. Gesticula, se muestra molesto y cuando finalmente interviene cambia la clave: “La pregunta a Macri es ¿por qué las becas estudiantiles, por qué los cursos de capacitación
están en una agencia de seguridad?”. A lo que el candidato del PRO contesta nuevamente en clave de efectividad: “Porque hay que coordinar”, y mantiene la calma. Filmus vuelve a atacar con irritación, en tono crítico: “Hay una idea de criminalizar la pobreza”. Macri mantiene la calma: “¿Te puedo contestar?”, le pregunta. Filmus tira la toalla y deja que su contrincante responda: “¿Vos sabés que los que más sufren el delito y el crimen según las estadísticas son los más pobres? Tenemos que cuidarlos. Si a ellos no los protegemos, ellos no pueden pagarse policía adicional, no pueden comprar alarmas, no pueden tener custodios”. El candidato del PRO utiliza el territorio de Filmus, retoma desde su clave programática el eje de la seguridad para diagnosticar y comprometerse con “los más pobres” y dificulta la respuesta del candidato del gobierno nacional. “Ellos necesitan políticas de inclusión coordinadas, no puede ser que cada ministerio haya intentado hacer cosas y de mano de la politiquería y los punteros nunca el resultado se concrete. Coordinemos”. La evasión del FPV se resuelve con la imposibilidad de intervenir en la disputa discursiva en torno de la violencia urbana.

c. +BA y la clave prescriptiva

El signo de adición que representa el más que inicia el logo del partido que impulsa la reelección de Jorge Telerman como jefe de Gobierno, revela la clave prescriptiva, el orden del deber “seguir así”. Los spots y discursos de campaña refuerzan la idea de una gestión de gobierno que había comenzado pocos meses antes y tenía mucho aún por hacer. El orden de la necesidad de continuidad se acentúa en la imagen de un jefe de gobierno que “tiene en la cabeza” la gestión y puede y debe volcar su experiencia y avances en una nueva etapa de gobierno.

El discurso de continuidad sigue una característica tradicional de todo proceso electoral, vinculada con la tendencia que marca que los candidatos que ocupan un cargo público al momento de comenzar su campaña y buscan permanecer en él, deben optar por mensajes positivos antes que negativos. De allí a que las imágenes y discursos de Telerman durante el proceso recalquen lo hecho y lo por hacer a partir de las intervenciones ya asumidas por el candidato y gestor. De allí que su campaña, como otras que buscan la continuidad, son mucho más retrospectivas que prospectivas, es decir, que priman más los argumentos sobre el pasado, sea para criticarlos o explotarlos afirmativamente. El pasado cercano es revitalizado en la figura del candidato.

Las imágenes de campaña se centran en la calvicie de Telerman: “Votá al pelado. El único que tiene la ciudad en la cabeza”. En una de las publicidades, la cabeza del candidato se transforma en una urna, se abre e ingresan con facilidad las que son identificadas como las principales necesidades de los votantes. “Más plazas para los nietos y los abuelos (entran árboles en la urna), más orden para el tránsito (se depositan semáforos), más subtes para la ciudad (ingresan vías y vagones), más luz para los barrios (entran las luminarias), más cultura
para los vecinos (dos bailarines de tango, un proyector de cine, máscaras), más salud para todos (ambulancias del SAME), más educación (un pizarrón)”. La actitud aditiva no se calma hasta que llega al punto central de la campaña, que cierra como un final esperado por todos, la cadena de políticas públicas locales: “Más seguridad”, recalca la voz en off mientras en la imagen se observa cómo ingresan cuatro patrulleros en fila a la cabezaurna. El spot cierra: “Más autonomía. Más Telerman, más Buenos Aires”. Políticas públicas plurales, seguridad y autonomía, querer más es continuar con el rumbo, querer más es que la ciudad crezca y para ello, según la matriz que se genera, es preciso avanzar sobre la autonomía a partir del manejo del brazo armado del Estado local.

En una entrevista efectuada por el diario Clarín, a casi dos semanas de la primera vuelta, al entonces ministro de Gobierno porteño, Diego Gorgal, fortalecía dicho discurso dando a conocer cifras que revelaban un aumento vertiginoso de la seguridad privada, (guardias privados que superan en número a los agentes de la Policía Federal ArgentinaPFA). Esta situación, en opinión del funcionario indicaba que la contratación de vigiladores se incrementó de manera proporcional a los delitos. Además, era la prueba que demostraba la real preocupación de los porteños, con el agregado de la desigualdad social, debido a que este recurso se concentra en los barrios de la zona norte.

En tal sentido, sostenía Gorgal “el mapa muestra por qué el delito afecta más a los que menos ingresos tienen: son los que dependen del servicio público. Es similar a lo que pasa con la salud y la educación: el de mayores recursos tiene prepaga y un colegio privado, el otro no. La desigual distribución de los guardias también deja en evidencia que la seguridad privada mueve el delito desde las zonas controladas a las que no lo están, aunque no lo hace desaparecer”. Y sentenciaba: “El edificio que tiene un vigilador en la puerta tiene menos posibilidades de sufrir un robo que su vecino que no lo tiene. Pero desde lo general, el delito sólo se corre, la situación general no cambia” (Clarín, 20/572007). El diagnóstico de la gestión ineficaz de la inseguridad quedaba impreso en las palabras del periodista firmante de la nota: “Lo ideal sería que la seguridad pública coordinara la disposición de los policías con la de los guardias”. La sobreoferta de seguridad pública y privada no se reflejaba, bajo esta mirada, en la disminución de los índices de delincuencia.

De esta forma, la autonomía porteña requeriría, en términos de deber, la continuidad y el avance en materia de seguridad. El diagnóstico se presenta como un escenario común, compartido por los vecinos interpelados. “Porque muchos tenemos hijos a los que seguimos por celular cuando están en la calle, o porque miramos con cuatro ojos al caminar por un espacio mal iluminado, o sencillamente porque la paranoia de los noticieros se nos contagia, todos vivimos preocupados por la inseguridad”, analiza el candidato desde su blog. “La inseguridad no puede ser, en última instancia, otra cosa que una capacidad del Estado de garantizar un umbral aceptable de riesgos que se perciben ligados al delito”, afirman Kessler y Merklen (2013: 14). “Ese temor nos afecta no sólo por el temor al delito real sino porque sencillamente el temor nos hace sentir que no podemos movernos con la libertad que quisiéramos en la ciudad”. La sensación de libertad no necesariamente gira en torno de los índices de inseguridad en términos objetivos, sino de la demanda ciudadana de un Estado que debe intervenir frente a las sensaciones de temor, a la inseguridad en clave objetiva. El candidato ya parece haber realizado un diagnóstico en sus meses de gestión respecto de un temor tangible en las cifras y en el imaginario porteño, de allí a certificar, a prescribir cómo continuar. La necesidad imperante se transforma en el requerimiento de la creación de una policía propia y el llamado a consulta popular para ratificar dicho mandato.

Así y todo la clave prescriptiva esconde un riesgo que se evidencia en el debate entre los candidatos en A dos voces. Allí Telerman insiste en mirar a la cámara, su interlocutor es el espectador, no sus contrincantes. Demuestra, a diferencia de sus oponentes, el manejo de ciertas técnicas vinculadas al mundo de los medios y la comunicación. Ambiciona a partir del establecimiento del eje los ojos en los ojos (OO), operación descripta por Eliseo Verón a los efectos de señalar una de las principales características del género periodístico en televisión y el relato no ficcional, ganar influencia directa sobre el público al tiempo que desplaza la figura del presentador/mediador (1983:7).

Pero el efecto de mirar al espectador durante el debate puede no ser el deseado. El candidato parece no estar dialogando con sus pares candidatos, más bien se percibe como “haciendo campaña”, situación que genera alejamiento y no cercanía con el televidente. “Lo que acaba de decir tomándolo por el lado tremendo de la violación4, es tan peligroso desde el costado de la protección de los derechos humanos”. Va en contra de cualquier país con economía y estructuras liberales”, afirma mirando fijo a los ojos del espectador y no del candidato. “Este muchacho ve mucho 24 horas”, se mofa. “Usted se confunde la ficción con la realidad”. El peligro es que en la identificación de la centralidad del candidato y la definición del deber ser, la clave prescriptiva se oriente hacia el destinatario y el ropaje del candidato que busca votos quede revelada. La ficción del par se desdibuja. De este modo, el candidato abandona su ropaje de ciudadano preocupado y ocupado por la Ciudad para transformarse en un sujeto en busca de votos, “en un político más”.

El ejemplo, entre otras cosas, intenta dar cuenta de la gran importancia que se le da en los procesos electorales actuales al entrenamiento en medios o la oratoria de los candidatos. Por supuesto que a la intervención de los especialistas también, tal es el caso del consultor ecuatoriano Jaime Duran Barba para el PRO, quien no solo ha tenido participación en cuestiones de imagen, estética o en la realización y diseño de pseudoeventos5 de campaña para los medios, sino que ha influido en el discurso y las propuestas políticas enunciadas por el propio Mauricio Macri. Esta es una de las características perceptibles en el proceso de masmediatización de la esfera pública a la que alude Beatriz Sarlo (1991). La imposición estética de los medios convierte al cruce de ideas en un show y al político en un sujeto con disciplina de actor, capaz de gestualizar, memorizar líneas, movimientos. El juego escénico define un tipo de visibilidad televisiva que repercute con más virtuosismo en momentos con bloques y posturas serializadas como lo son los debates entre candidatos.

3. Cierre.
La reforma de la Constitución Nacional de 1994 y el estatus autónomo que adquirió la Ciudad de Buenos Aires a partir de entonces, establecieron una importante plataforma desde donde se erigieron los discursos relativos al delito y la seguridad de cada una de las principales fuerzas políticas en disputa. Entre otras cosas, este importante acontecimiento en la vida de los porteños, permitió el debate de la existencia de un recurso de policía local que terminó, años después de la contienda electoral aquí analizada, con su efectiva creación.

En términos generales, las propuestas en materia de seguridad esgrimidas por los candidatos en la campaña electoral del 2007 combinaron, al igual que en otras ciudades y países, posturas vinculadas al welfarismo penal, como la necesaria reducción de la pobreza y la marginación para la disminución del delito, con las sanciones punitivas, expresadas en el registro de violadores de Mauricio Macri y la consulta popular para la creación de una policía local de Jorge Telerman.

Por el contrario, estuvieron ausentes las opiniones favorables a la reformulación de los programas de readaptación de los delincuentes, eje central del paradigma correccionalista. Entre otras cosas, ello corroboró la tesis afirmada por David Garland de que nos encontramos en la actualidad ante un declive del ideal rehabilitador. Para el autor, dicha situación es producto de la crisis del estado de bienestar iniciada en la década del ’70. Es el primer indicador, señala, “de que el esquema de la modernidad que se había fortalecido incesantemente a lo largo de un siglo estaba comenzando a desarticularse” (2012: 40).

El temor al delito y la sensación de inseguridad acompañan también este proceso de transformaciones. Lo hacen como aspecto cultural y del sistema de medios de comunicación masivo. Garland entiende que esta “sensación de un público temeroso y resentido ha tenido fuerte impacto en el estilo y contenido de las políticas públicas en los últimos años. Se ha redramatizado el delito. La imagen común vinculada al welfarismo, del delincuente como un sujeto necesitado y desfavorecido, merecedor de ayuda ha desaparecido (S) El nuevo discurso de la política criminal invoca sistemáticamente un público lleno de ira, cansado de vivir con temor, que exige medidas fuertes de castigo y protección. El sentimiento que atraviesa ahora la política criminal es ahora con más frecuencia un enojo colectivo y una exigencia moral de retribución (2012: 45).

Frente a este estado de situación, las principales fuerzas políticas de la contienda desplegaron distintas estrategias a la hora de abordar la cuestión de la seguridad. El PRO, se movió de acuerdo a un eje que fue desde lo meramente descriptivo a lo pragmático y en tal sentido, se posicionó en la forma y los espacios donde los hechos delictivos irrumpen en la vida cotidiana, como ser el barrio o un comercio.

Dentro de este esquema, la atención no está puesta en el sujeto delincuente ni en la gravedad del delito que se comete, sino en la ilegalidad en sí misma y en su carácter inminente, de que cualquiera en cualquier momento puede convertirse en víctima. Habida cuenta de ello, Mauricio Macri diagnóstica que en la Ciudad los vecinos viven bajo amenaza permanente y como consecuencia de la ineficiente gestión gubernamental. Respalda su discurso en estadísticas, para luego pasar a la fase propositiva, donde se privilegian las propuestas concretas y se garantiza la reversión de la inseguridad.

El FPV adopta una estrategia evasiva cuando debe intervenir en la problemática de la seguridad urbana. En parte porque es una cuestión que se encuentra en el centro de la agenda de discusión política y en parte porque la seguridad de los porteños está bajo su responsabilidad. Ello hace que no pueda dejar de manifestarse ni tampoco que lo haga con contundencia. Así las cosas, la clave securitaria aparece solapadamente en una oferta donde comparte igual jerarquía con políticas relacionadas a la inclusión social. Es más, esta fuerza sostiene que el estado de inseguridad se revierte a partir de la implementación de este tipo de políticas. Lo que esta afirmación tiene de positivo también lo tiene de negativo, porque rehúye del debate sobre políticas de seguridad, lo que refuerza su carácter evasivo.

Finalmente, el Frente + BA asume un rol prescriptivo en la campaña, cuyo principio obedece a que es la fuerza a cargo del Ejecutivo porteño y la que busca su revalidación en las urnas. De acuerdo con esto, sus mensajes son fundamentalmente positivos e intentan transmitir la idea de que se debe seguir en el camino trazado para ir resolviendo las cuestiones pendientes, entre ellas, las vinculadas a la seguridad. Por tal motivo, ante la necesidad de protección de parte de la población se impulsa, a través de una consulta popular, la creación de una policía
local. Al mismo tiempo, se trasladan los aspectos negativos al FPV, alianza política que gobierna a nivel nacional y que detenta la conducción de la PFA. De esta manera, convierte una carencia de origen en una propuesta de cara al futuro, lo que proyecta continuidad.

Más allá de los posicionamientos elegidos fueron sobresaliendo, en el transcurso de la campaña, determinadas maneras de intervenir frente a la violencia urbana. No se tratan de definiciones exclusivas de algún candidato sino que en varias oportunidades son sostenidas por varios de ellos. Las que se destacaron por su presencia en los debates y en los dispositivos comunicacionales producidos son las que podrían denominarse como: Intervenciones territoriales; El despliegue policial, Intervenciones cientificistas e Inclusión  cambio estructural.

La primera de ellas, coloca el foco en la transformación del espacio urbano para disminuir las posibilidades de riesgo y de esta manera reestablecer un orden perdido a causa de los hechos delictivos. Bajo esta matriz se despliegan las estrategias de prevención situacionalambiental. Estas tienen que ver con las propuestas que señalan una mayor iluminación en las calles, mejoramiento de la infraestructura, poda del arbolado existente u ocupación de terrenos baldíos, entre otras consideraciones.

Con respecto a la segunda, queda de alguna forma ejemplificado uno de los ejes centrales del debate: la coincidencia unánime de parte de los candidatos de que los porteños posean su policía, habida cuenta de que una de las causas de las ilegalidades es la falta de una presencia policial eficiente. Por eso, se entiende que dicha ausencia debe ser cubierta con un recurso propio y exclusivamente abocado a los hechos delictivos de rango vecinal.

La tercera hace referencia estrictamente a la utilización de los recursos eminentemente técnicos vinculados a los avances tecnológicos. Por cierto que esto no significa que las propuestas políticas impulsadas en esta dirección estén desprovistas de su respectiva carga ideológica. El debate entre Mauricio Macri y Jorge Telerman en el programa A dos voces de la señal de cable TN sobre el banco de ADN para violadores, es una muestra de ello.

Finalmente, la cuarta manera de intervención frente a la violencia urbana giro alrededor de las políticas de inclusión social y si éstas son eficaces para la reducción de la inseguridad o son meros paliativos de un sistema injusto y excluyente. En tal caso se requiere un cambio de fondo que contemple una remoción del status quo imperante y una reforma estructural, tanto en el plano político como en el económico y cultural. Sobre este último punto, se adscriben como voces a favor algunas fuerzas políticas de izquierda, como el MST o el PTS.

La cuestión de la seguridad atravesó la campaña del año 2007 a partir de las perspectivas y los ejes temáticos reseñados. Se destacan la centralidad que ocupó en los debates y el énfasis puesto por cada uno de los candidatos. Fue un aspecto nodal al interior de las distintas estrategias de posicionamiento de cada una de las fuerzas políticas contrincantes y una pieza
que funcionó como articuladora de otras propuestas, a priori ubicadas como concernientes a distintas disciplinas.

La contienda electoral de referencia tuvo en Mauricio Macri, Daniel Filmus y Jorge Telerman, los postulantes más votados, una escasa diferenciación propositiva. El primero de ellos quizá contó con un marketing más eficaz y coherente. El lanzamiento de campaña del líder del PRO en un basural del barrio de Villa Lugano junto a una niña pudo haber sugerido, a pesar de las correctas criticas morales, una ruptura con su pertenencia a una clase social privilegiada.

Las pujanzas entre Filmus y Telerman, durante la primera parte de la campaña para ver quién ingresaba al ballotage, soló benefició a Macri. Asimismo, el FPV arrancó la competencia en desventaja porque necesitó ampliar el conocimiento de su candidato en el electorado porteño (“Si lo conocés, lo elegís”), situación que luego intentó remontar a partir de su apego al Gobierno Nacional (“Nada es imposible si tenés convicciones”). Por el contrario, el PRO focalizó su impronta en la cotidianeidad local y en el aumento de la calidad de vida de sus habitantes. Apeló a un discurso emotivo y no confrontativo.

Por último, el sujeto interpelado por Macri fue el vecino. Ello se sostuvo como consecuencia de un discurso circunscripto a situaciones relacionadas a la educación, la seguridad o la limpieza. En cambio Filmus se dirigió al ciudadano racional para que elija “cambiar la Ciudad de la misma forma que se cambió el país”. Tampoco tuvo éxito la estrategia del FPV de denunciar el anclaje de Macri en el pasado privatizador del espacio público de la década del ’90. Y sí lo tuvo el slogan del PRO “va a estar bueno Buenos Aires”. Dicha frase presenta una proyección hacia el futuro que no indica nada del presente ni del pasado. Constituye un significante flotante que adquiere su significado en complicidad con el receptor y en lo que éste especule sobre el candidato que la incorpora en su discurso, como por ejemplo el deseo de que la inseguridad deje ser un riesgo del cual preocuparse en la Ciudad.

Notas al pie:

1 Jorge Telerman era vicejefe hasta que asumió formalmente la jefatura de gobierno el 13 de marzo de 2006, luego de la destitución de Aníbal Ibarra por el incendio del boliche Cromañón. La mencionada tragedia ocurrió el 30 de diciembre de 2003 y dejó 194 jóvenes muertos. Sus familiares y la oposición política de la Ciudad promovieron el juicio político del mandatario ya que lo responsabilizaban por el hecho. El proceso fue llevado a cabo por la Legislatura porteña, quién se expidió definitivamente el 7 de marzo del 2006 fallando en contra de su continuidad en el cargo.

2 En 2009 la explosión de las redes sociales para uso electoral se produce con motivo de varios factores, donde se destacan uno de índole internacional y otros dos pertenecientes a la realidad argentina. Según cuenta Natalia Zuazo, el primero tuvo que ver con la eficacia que tuvo la campaña de Barack Obama para la presidencia de los EE.UU, que logró movilizar a unos 13 millones de militantes en Facebook y recaudar una considerable suma de dinero para el uso proselitista. Las otras son la aprobación de la Ley Orgánica de los Partidos Políticos, que estableció las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (Paso) y abrió la posibilidad de distintas etapas y estrategias diferencias para los candidatos; y la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (SCA), que creó límites y reglas para la competencia electoral (2015). Esta última norma prohíbe que los partidos políticos puedan comprar espacios en los medios de forma privada. Por el contrario, solo pueden promocionar a sus candidatos en períodos de tiempo prefijados, equitativamente distribuidos por sorteo y en el transcurso de los 20 días previos a cada elección. Asimismo no regula internet, por lo que no limita la publicidad online. El conjunto de estas consideraciones, junto a otras variables, hizo que la Red se sume al mapa de medios de comunicación, con sus propias reglas, muchas de ellas favorables para la implementación del marketing político y claro, para las empresas que proporcionan las plataformas. Pero en 2007 todavía faltaba para arribar a ese escenario.

3 Verón (1987) estipula cuatro componentes del discurso político que nos sirve de base para pensar las modalidades de intervención significante durante el período trabajado. Según plantea el semiólogo en “La palabra adversativa” el discurso político está compuesto por cuatro componentes, es decir modalidades desde las que el enunciador construye su red de relaciones con las entidades del imaginario. Los componentes definidos por Verón son i) el descriptivo (desde el que el enunciador ejercita la constatación y realiza el balance de una situación en presente del indicativo), ii) el didáctico (enuncia un principio general desde el saber sin marcar la subjetividad del enunciador), iii) el prescriptivo (de la orden de la necesidad, del deber ser), y iv) el programático (define compromisos, el poder hacer, a partir de infinitivos).

4 Es la respuesta de Jorge Telerman frente a la propuesta de Mauricio Macri de crear un banco de ADN devioladores. Dicha conforntación de ideas ocurrio en el debate televisivo llevado a cabo en el programa A dos voces de la señal de cable TN (Todo Noticias), el 23 de mayo de 2007

5 Los “pseudoacontecimientos”, refieren a hechos construidos por los políticos, en donde no interesa tanto la realidad que muestran sino la capacidad de convertirse en noticia. Estas son prácticas comunes en la comunicación política, planificadas para incidir en la agenda de los medios. No existe una forma de establecer con exactitud su eficiencia pero se los puede considerar positivos en el sentido de que se exponen situaciones y hacen pública la batalla política. La contracara de su utilización es que, según afirma Riorda, puede producir confusión en los ciudadanos, ya que el “`pseudoevento genera competencia de pseudoeventos. Una escalada de los pseudeventos genera una sobreestimación de los plazos cortos (suele electoralizar o banalizar la comunicación). Sí en cambio los pseudoacontecimientos apoyan el largo plazo (S) cuando el hecho noticiable es contributivo de un proyecto, una idea o un mito de gobierno”.

Bibliografía

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